ABC-IGNACIO CAMACHO

Un Gobierno en funciones no agrede a nadie, no incurre en despilfarro ni puede legislar contra sus adversarios

CUESTA entender la prisa que los líderes de la oposición le meten a Sánchez para que forme cuanto antes Gobierno. Primero, por lo poco eficaces que fueron para impedir que pudiese hacerlo. Segundo, por la escasa diligencia que están poniendo en pactar entre ellos, obcecados en ponerse obstáculos y vetos. Y tercero, porque es dudoso que sus votantes estén de acuerdo en la urgencia de una coalición entre el PSOE y Podemos, con su programa de leyes ideológicas, gasto a mansalva y subidas de impuestos. No parece que el electorado de la derecha y el centro esté ansioso de apremio por ver a Pablo Iglesias en un ministerio.

La situación política ideal para los liberales es este limbo de interinidad en que el poder no se entromete en sus asuntos privados. Rajoy estuvo diez meses en funciones y el país no se vino abajo; al contrario, la economía avanzó a buen paso. La española es una sociedad bastante mejor estructurada y sólida de lo que pensamos; puede apañarse sola sin que los dirigentes públicos se empeñen, como suelen, en conducirla por un camino determinado. Un Gabinete transitorio no agrede a nadie ni puede dedicarse a fastidiar a sus adversarios; no legisla, no toma decisiones polémicas ni incurre en despilfarro. El Estado continúa en su sitio, los hospitales abren, trabajan los funcionarios y los servicios públicos se siguen prestando. Además, en el caso de Sánchez, si la investidura se retrasa tendrá que seguir aplicando el presupuesto que ¡¡Montoro!! dejó elaborado: el apretón fiscal previsto se retrasará como mínimo un año. Si obtenemos doce meses de tregua para nuestros bolsillos esquilmados, a los ciudadanos nos da igual que el presidente se los pase dando barzones en el Falcon. A los de izquierdas les resulta indiferente porque ya saben que han ganado y los de derechas no sienten ninguna premura porque comience su nuevo mandato… ni porque Rivera y Casado asuman el papel opositor al que les condenó su fracaso. Que entre todos nos dejen siquiera pasar a gusto el verano. España es una nación sobregobernada, ultrarregulada, hiperpolitizada y megaintervenida, en la que no viene mal una pausa de vez en cuando.

Por otro lado, si los dos jefes demediados del centro-derecha quieren que arranque la legislatura tienen bien a mano la forma de conseguirlo: facilitar al candidato los votos o las abstenciones que le abran camino. Muchos de sus electores aceptarían como mal menor que evitaran la alianza en ciernes del PSOE con la extrema izquierda y el nacionalismo. Pero ese paso, el de volver al añorado consenso, supone demasiado compromiso porque uno de los elementos esenciales que la política partidaria ha perdido es la capacidad de abrir camino, de dirigir el criterio de los votantes a través del liderazgo prescriptivo. Como no saben, que nos dejen tranquilos: no tenemos ninguna impaciencia por asomarnos al abismo.