Juan Van-Halen-El Debate
  • Los jueces que no gustan al sanchismo son atacados mientras jalea a otros que le agradan, como el insepulto Garzón o Castro en el caso Nóos, imputando a la Infanta Cristina, que, por cierto, entraba en el juzgado entre los periodistas, no blindada como Begoña, que se cree primera dama sin serlo

Conté ya que mi información sobre cómo se entiende nuestra realidad nacional en el corazón de la UE, Bruselas, se debe a parientes y amigos cercanos, entre ellos un exministro, un expresidente del Senado y parlamentarios. Es penosa la impresión general sobre el papel de Sánchez en la reunión de la OTAN en Ankara. No descubro nada. Nos lo contó el propio Sánchez. Buscó a Trump y hablaron cinco minutos sobre fútbol. Recuerda el encuentro entre Sánchez y Biden en 2021, cumbre de la OTAN en Bruselas: 45 segundos en un pasillo; Biden ni se detuvo. Los equipos de Moncloa se mostraron «realmente satisfechos». Así seguimos. En Ankara Trump empleó palabras amenazadoras sobre España. El secretario general de la OTAN, Mark Rutte, junto a Trump, no rechistó ante el duro rapapolvo. En las reuniones nadie defendió a Sánchez. En la UE no piensan sobre él como antes; en su día encandiló hasta a doña Úrsula.

Muchos manifiestan preocupación, yo también, por la caída del prestigio de España en la UE y en general en Occidente, con chalaneos que priman otras relaciones, como con China. Incluso hicieron viajar al Rey a China, sin poder evitar la sospecha de que detrás están los negocios de Zapatero. La utilización del Rey es constante; supongo que en Zarzuela lo valorarán. Mientras, el ministro Albares es el titular de Exteriores más ignorado en la esfera internacional; ya erró al considerar su misión esencial que sea aceptado el catalán como lengua en la UE. También debe apuntársele el fin de la histórica posición española sobre Gibraltar sin apoyo parlamentario. Lo que no interesa a Sánchez elude a la representación nacional. Recordemos el secretismo del cambio de política con Marruecos sobre el Sáhara. Sánchez se lo guisa y Sánchez se lo come.

Sánchez es el único jefe de gobierno democrático que ningunea al Parlamento y cuando le afectan sus decisiones las ignora. Gobierna sin el Poder Legislativo, ya anunció que lo haría, desprestigia repetidamente al Poder Judicial, y se encastilla en un Poder Ejecutivo manejado por un partido que ha perdido todas las elecciones y se mantiene desde la nada. No gobierna, resiste. Y sin rumbo. Sánchez trampea para huir de verse ante los tribunales. Con el apoyo insólito del titular de Justicia, Bolaños, y con el eco de los Óscares y de otros escuderos, ataca a jueces con nombres y apellidos desde Mercedes Alaya, la jueza de los ERE, a Peinado, sin olvidar a Beatriz Biedma, Moreno Chamorro, Pedraz, Viejo, Marchena y, en la prehistoria, Llarena en el caso Puigdemont. Su Supermán es Conde Pumpido en el TC.

Los jueces que no gustan al sanchismo son atacados mientras jalea a otros que le agradan, como el insepulto Garzón o Castro en el caso Nóos, imputando a la Infanta Cristina, que, por cierto, entraba en el juzgado entre los periodistas, no blindada como Begoña que se cree primera dama sin serlo. Entonces Manos Limpias, luego para el sanchismo terrible ultraderecha, le agradaba. El juez Castro acabó siendo candidato electoral de Podemos; los sumisos sacan a relucir relaciones familiares de uno u otro juez para, desde el intento de desprestigio, tratar de amedrentarlos.

La realidad española es caótica. Recientemente Sánchez nos aseguró que habría elecciones ¿Es que podría no haberlas? No se entiende casi nada. Probablemente soy un currito sin información. Mi última extrañeza es que un columnista que sigo con fruición nos descubra que Clara Campoamor, emblema del feminismo y artífice en España del voto femenino, enfrentada en el Parlamento republicano con la socialista Victoria Kent, era partidaria de la victoria de Franco en la Guerra Civil. Escribe que se sabe desde hace meses, pero ya en 1937 Campoamor apostaba por la victoria de Franco como «única posibilidad de evitar el derrumbamiento de España». Lo escribí hace años. En 1936 huyó de Madrid «ante la falta absoluta de seguridad personal». Rindo homenaje a Juan Español Bouché, el mejor y más completo estudioso de la vida y obra de Clara Campoamor.

P.D.- No entiendo que se insista en que Feijóo presente una moción de censura para perderla. El sanchismo la desea y sus voceros lo proclaman. Visibilizaría el apoyo de sus socios y Sánchez emplearía esa victoria ante la UE. Ya ocurrió.