Juan Carlos Girauta-El Debate
  • Así los rinocerontes sanchistas, que se hacen los fuertes pero son muy sensibles, no tendrán que someterse al mercado. Pero si la regalan, ¿se la querrán poner esos adolescentes de treinta años que se gastan medio sueldo del padre en unas zapatillas deportivas? ¿No será cutre?

No sé si crear una marca de moda con mi dinero, el que me acaba de robar Hacienda, tiene algún sentido. Entiéndanme, ya sé que no. Me pongo en la piel de Sánchez y su banda. Una piel gruesa y rugosa, como de rinoceronte, que debería protegerles de todo, pero no acaba de hacerlo. Puesto en esa piel áspera y grisácea, dudo de la utilidad de la marca Dmocracia. Se ve que ahí hay gente del marketing modelno, esa que cree que su disciplina se limita al branding, y este a quitarle una letra a una palabra.

—Queremos una marca de ropa para realzar los valores democráticos.

—O sea, el concepto es la democracia.

—Sí. Los cincuenta años de…

—¡Ya lo tiene! Son treinta mil, o cuarenta mil, ya veremos.

—¿Cuál es?

—Dmocracia.

—¿Disculpe?

—Dmocracia, sin e.

—Qué imaginativo. Ya veo. Democracia, Dmocracia… Si es que el que vale, vale.

—Cada cual controla lo suyo.

El diseño en sí no importa, se han ido a unos grandes almacenes, sección ropa joven, y han colegido que la vestimenta carcelaria, o de campo de concentración distópico, es lo que quieren los chavales. ¿Para qué vas a innovar si esas prendas de color incierto, tendentes al anonimato entre una masa monocromática desfilando por un patio sucio, llevan décadas funcionando?

—Diséñenos usted unas prendas para una marca nueva que pretende transmitir…

—¿Edad de los usuarios?

—Oiga, ¿por qué me interrumpe?

—Edad de los usuarios.

—De quince a cuarenta y cinco.

—Tenga.

—¿Ya lo tiene hecho?

—Sí.

—Un poco deprimente, ¿no?

—Sí.

—Vale, usted es el que sabe.

—Sí.

Tienen una influencer, o sea, una que influye. Vuelvo a dudar. Es la duda metódica. ¿Sobre quién influye? Quizá sobre los que vayan a comprar la ropa, que no necesariamente son los mismos que la van a llevar. Espera, me dicen que la ropa la van a regalar. No sé si es cierto, pero sería una buena idea. Así los rinocerontes sanchistas, que se hacen los fuertes pero son muy sensibles, no tendrán que someterse al mercado. Pero si la regalan, ¿se la querrán poner esos adolescentes de treinta años que se gastan medio sueldo del padre en unas zapatillas deportivas? ¿No será cutre? Es como ir proclamando «Visto de Humana, mira qué chulo». Si esto fuera así, la influyente, a la que no conozco de nada (los chavales de cuarenta no sé), debería ejercer su poder para que no te avergüences de vestir ropa que no cuesta nada. Tampoco vale nada, pero ahora estoy con el precio.

Cuando estaba acabando la columna me cuentan que hay dos influyentes, no una. La conozco lo mismo: nada. Pero dice esto: «El otro día me propusieron una idea que me encantó: sacar la ‘Dmocracia’ de los libros de historia y traerla a nuestro día a día». O sea, se trata de ser sanchista sin tener que hablar, que es un trago. Basta con llevar ropa Dmocracia. Lo cual es otro trago, pero eso no lo están viendo.