Jesús Cuadrado-Vozpópuli

  • El candidato de centroderecha será evaluado desde los primeros días sobre el cumplimiento de su Contrato

Sánchez y Trump son candidatos marcados por similares prácticas no democráticas, dos tramposos, y, aunque ambos sufren el rechazo de la gran mayoría, mantienen el apoyo fanático de seguidores acérrimos. La otrora antisanchista Susana Díaz lo interpretó a la perfección cuando confesó en la tele que ella es tan fiel al PSOE como al Betis. Hablamos de fans, aunque el común de los votantes se hace preguntas menos futboleras, por ejemplo, sobre si hoy se vive mejor en España que en 2019. Ante el desastre social tan obvio provocado, ahora el sanchismo-leninismo quiere ver las calles en llamas para desviar la atención de lo que importa, con unos delegados del Gobierno que parecen guías de encapuchados contra policías.

En esa dirección, Sánchez se ha fabricado una guerra civil a su medida, un combate sin fin  de nietos de franquistas contra nietos de republicanos, como cuando los belgas, para su control, dividieron artificialmente entre tutsis y hutus la población de la actual Ruanda. Su dificultad está en que para mantener ese guion necesitaría mostrar resultados en “políticas sociales”, ¡de izquierdas!, pero los datos contradicen las retóricas. Con el Gobierno progre España es líder absoluto en pobreza infantil en Europa con uno de cada tres niños en esa situación. Cualquiera que haga la compra comprobará cómo impuestos e inflación se comen las rentas familiares, al tiempo que los salarios medios reales pierden valor. ¿Progresistas? Esa trampa de esconder un fracaso en una artificial disputa izquierda-derecha ya la denunciaba Ortega y Gasset como “hemiplejia moral”, tendencia a falsificar la realidad por interés político.

El desastre de la vivienda

Si las encuestas detectan que los jóvenes han dejado de votar a la izquierda, el cantante Miguel Ríos y otros afirman que se han hecho fascistas porque no conocieron el franquismo. ¡No enreden! Ocurre que conocen bien la hipocresía de la ultraizquierda, desde la piscina de la podemita Irene Montero a los fondos buitre de la socialista Montse Mínguez, o la de quienes hicieron caja a la sombra del sanchismo. Si lees la encuesta de GAD3 sobre vivienda, comprobarás que, tras ocho años, más de dos millones de españoles no pueden en este momento acceder a una vivienda y un 65% de los menores de treinta años no tienen medios para independizarse. Póngase el señor Ríos en la piel de esos jóvenes que oyeron a Sánchez prometer un 20% de viviendas sociales, para seguir hoy clavados en el 3%, o que ven cómo se disparan los precios por un déficit de un millón de casas. Ni política social ni política de mercado, absoluto desastre.

Se justifican con verborrea de ultraizquierda. Como en el spot estrella, el de parar al fascismo como engañifa para justificar el pacto con Bildu-ETA. Sin necesidad de que lo explique Felipe González, salta a la vista que este PSOE está a años luz del de la Transición, el que abandonó la trayectoria marxistoide. En el último Comité Federal, convocado para aprobar las listas electorales, se pudo ver cómo han convertido al Partido Socialista en una pista de baile, o algo peor, pero si se leen los pergaminos que salen de los juzgados, se comprobará que la razón ideológica solo es un disfraz. Estos tipos se dedicaron desde el primer minuto a montar un sistema extractivo de fondos públicos, lo que Max Weber desde la ciencia política denominaba Patrimonialismo, lo público convertido en privado. Ahora aspiran a cuatro años más.

Las trampas más burdas

Se les hace un favor al calificar como  “derechización” los cambios del electorado. Ocurre que el PSOE se ha situado fuera de la “centralidad”, entendida esta como la conexión con las preocupaciones reales de los españoles, marcadas hoy por las dificultades de acceso a la vivienda, por la pérdida del poder adquisitivo de los salarios o por una inmigración ilegal y desbocada que crea dificultades reales a los más humildes, precisamente. Necesitan mucho “viene la derecha” para colocar sus “no pasarán”, con los comunistas Bardem en primera fila. Sobre estos hipócritas mira la noticia reciente de la condena judicial a UGT a devolver 18,3 millones por apropiación de fondos públicos destinados a formación de los parados y contrástala con las manifestaciones de sindicalistas con fines electorales, y con muchas banderas, aunque ninguna de España, por si tenías dudas.

A pesar de la dominante sanchezmanía que dibuja al político de las trampas más burdas como un estratega invencible, el futuro de la casta sanchista está ahora en manos de los electores socialistas que han comprendido el daño existencial que el PSOE de Sánchez -y no hay otro- está provocando en la democracia española. Es en ese flujo de votantes hacia Núñez Feijóo, ya próximo al millón, y no en los del interior de cada bloque, donde está la clave para derrotar a los promotores de una España plurinacional, contraria a la constitucional nacida de la Transición. El candidato de centroderecha será evaluado desde los primeros días sobre el cumplimiento de su Contrato para poner fin a cada práctica antidemocrática del sanchismo. Las imágenes de las celebraciones de los golpistas amnistiados -¡”independentistas, 2; España, 0”!- anticipan qué ocurriría con otros cuatro años de Gobierno progre. Especialmente si, como pretenden con sus pactos de listas únicas, lograsen controlar Senado y TC para anular la aplicación del 155 a cada paso anticonstitucional previsto. ¡La democracia, en juego!