TEODORO LEÓN GROSS-EL PAÍS

  • Esto es algo más que unas primarias regionales para el PSOE. Dirimen con qué alternativa plantarán cara al Gobierno de PP-C’s que en dos años se ha consolidado

Susana Díaz ha acertado a colocar algunos mensajes certeros en su campaña de las primarias andaluzas, aunque con un lastre: los dice Susana Díaz. La idea de una reinvención de Su Susanísima, con una transformación casi bíblica, choca demasiado con la realidad persistente de su trayectoria. Del perfil de killer al de apóstola del flower power, con camisetas de lemas guay para recorrer Andalucía con una sonrisa de Hare Krishna y una banda sonora sentimental para piano y carne de gallina, no acaba de ser creíble. Sin embargo, ha sabido mantener la iniciativa, aunque Espadas se resistiera a plegarse a su agenda. En los medios triunfaron hasta esas camisetas con lemas siempre en inglés, como Choose empathy o Positivity always wins, mientras iba mutando, por los caminos rurales de Andalucía, de Reina del Sur a Princesa del Pueblo. Quién sabe nada del resultado. Las primarias las carga el diablo.

En la candidatura rival, promovida por el sanchismo aunque también por otras corrientes, cunde cierta intranquilidad mientras ella publica tuits en comunión con masas crecientes. En los primeros días se hablaba de que perdería 70/30, si acaso 65/35, y ahora nadie descarta la segunda vuelta. Tal vez finalmente sea aquel 70/30 pero admira, y quizá intimida, hasta qué punto está peleando corajudamente, por carácter y también, claro, porque sabe que no habrá piedad. La línea roja fue la visita de Ábalos antes de las catalanas aprovechando la salida de Illa para ofrecerle un ministerio –última oferta después de otras tantas, incluida la presidencia del Senado– y despejar así el horizonte andaluz. A partir de ahí sólo quedaba el éxito o el abismo. Si pierde las primarias, se acogerá al Consejo Consultivo, con el buen sueldo que estos órganos reservan a los expresidentes, pero será laminado todo lo que quede del susanismo, aunque buena parte de la nomenclatura del susanismo ya es exsusanista. La historia no sería clemente con ella. Sánchez ya se da por hecho que tampoco.

Esto es algo más que unas primarias regionales para el PSOE. Dirimen con qué alternativa plantarán cara al Gobierno de PP-C’s que en dos años se ha consolidado complicándoles la reserva histórica del granero del sur; afecta al liderazgo del partido si su mayor agrupación deviene territorio comanche, debilitando apuestas ya débiles como los indultos; y finalmente se leerán como una segunda vuelta del Sánchez vs Susana de 2017, que podrían enviar un mensaje del hundimiento creciente del presidente. Moncloa ha trabajado discretamente en los meses previos evitando bendecir al alcalde de Sevilla en su campaña de perfil bajo, pero se les ha visto ahí en la inquietante recta final. Eso sí, Susana Díaz ha evitado el cuerpo a cuerpo y las críticas –esta vez nada de “mientes cariño” o “tu problema eres tú, Juan”– ayusizándose teresizándose, esto es, apelando a la libertad y reclamando autonomía andaluza, para marcar distancia con Sánchez tirando de victimismo. Y aunque Espadas no es Sánchez, de algún modo sí será Sánchez, porque se intuye que muchos irán a votar en clave Sánchez.