Adolfo Lorente-El Correo

El Gobierno, un viernes 14 de agosto, nos ha anunciado a través del Boletín Oficial del Estado que la central nuclear de Almaraz no se cerrará el año que viene como estaba previsto, sino que ampliará su vida útil hasta junio de 2030.

Una noticia de gran alcance político e ideológico que, sin embargo, no ha merecido ser anunciada por el Gobierno. Nada. Ni un mail, ni un guasap ni medio tuit. Y no será porque al presidente no le guste tirar de las redes sociales en verano para contarnos que libros leer o que discos escuchar. Un anuncio que ha llegado de tapadillo, como con desgana.

Y todo porque lo de Almaraz es un auténtico marrón para un Gobierno de coalición que no sólo lleva a gala ser el más progresista de la historia, también el más renovable del mundo. Ahí tienen a Sumar que ya ha montado en cólera. ¿Entonces, como se ha incumplido el pacto con el PSOE, se irán del Gobierno? No vale reírse… Por supuesto que no.

Sigamos con Almaraz. ¿Significa esto que el Gobierno deja de ser el gran campeón verde si amplía la vida útil de una central nuclear porque los expertos han dicho que cumple todos los parámetros de seguridad? Pues evidentemente no. Simplemente significa que has tomado una decisión aplicando el sentido común.

De ahí el grave error político de no haber comunicado a bombo y platillo una noticia tan relevante. Sobre todo, porque toda Extremadura, en especial los más de 4.000 trabajadores que iban a quedarse en el paro, se había movilizado para que siguiera abierta. Es que Almaraz ha conseguido incluso unir al PP y PSOE en la región, que no es poca cosa.

La decisión sobre Almaraz es de enorme alcance porque supondrá, casi seguro, que la vida útil del resto de centrales nucleares, como Ascó o Cofrentes, también se retrase más allá de 2030. Y será así porque esta energía, pese a los problemas añadidos que conlleva, es clave para garantizar el suministro en un momento de enorme incertidumbre energética, con Rusia cerrando el grifo del gas e Irán el del petróleo.

Por no hablar del histórico apagón que sufrimos y del que, por cierto, nadie sigue sin asumir media responsabilidad.

El mundo occidental, con Europa a la cabeza, está realizando una gran apuesta por la energía nuclear, etiquetada como limpia por Bruselas. Y no solo ampliando la vida útil de las que están operativas, sino construyendo nuevos reactores de última generación.

Ahí tienen a Francia, e incluso a Alemania, que ha entonado el ‘mea culpa’ por haber decidido en la era Merkel el cierre de estas centrales.

Almaraz solo es el comienzo. Te dirán que no, pero queda energía nuclear para rato. Pues eso.