Temor en CiU a que Mas adelante elecciones y ceda el triunfo a ERC

ABC 02/11/13

· Sectores convergentes aceptan «inmolarse» por la independencia junto a su presidente

El profeta del «derecho a decidir» podría estar dispuesto a «inmolarse» si con ello se consigue la independencia de Cataluña. Esta posibilidad, muy acorde con el tono visionario de Artur Mas, preocupa no obstante en un amplio sector de CiU, que ve a su líder dispuesto a adelantar las elecciones autonómicas si el Gobierno español prohíbe la llamada «consulta» sobre la autodeterminación. Es más: el presidente catalán podría no repetir como candidato a la presidencia de la Generalitat y rendirse ante ERC, cuyo líder, Oriol Junqueras, aparece como rotundo ganador de esos comicios en las recientes encuestas de intención de voto.
Según ha podido saber ABC, el dirigente nacionalista habría amagado con retirarse de la carrera electoral en medios empresariales, algo que solo añade inquietud en un sector, partidario del diálogo, pero no de la ruptura con España, y que asiste pasmado al incontestable auge de los republicanos, ávidos de aprobar una declaración de independencia en el Parlamento catalán casi al día siguiente de acceder a la presidencia de la Generalitat.
Siempre y cuando sumen una mayoría suficiente, algo que depende en buena medida de la decisión final que tome UDC, cuyo presidente, Josep Duran Lleida, se ha planteado romper con su socia CDC si la aventura soberanista implica caer en la ilegalidad. También será determinante el comportamiento en las urnas de las formaciones no independentistas, como Ciudadanos, imparable según los sondeos, y PP, cuyo voto oculto podría salir a la luz en una situación de alarma secesionista. PSC, por su parte, está pendiente de su propia catarsis.

Referéndum ilegal
El avance electoral y la renuncia de Mas a seguir liderando este proceso de «transición nacional» hacia el Estado propio resolvería algunos problemas internos dentro de CiU, pero generaría otros. Ese adelanto, ya lo dijo el propio dirigente nacionalista en sede parlamentaria, dependerá de si el referéndum acordado entre los nacionalistas y ERC se celebra o no. Mas explicó que en el supuesto de que el Gobierno español prohíba una consulta que considera ilegal, tanto en la forma (una parte del territorio no puede decidir sobre la estructura de toda una nación) como en el contenido (la independencia vulnera la unidad de España prevista en la Constitución), los catalanes deberán pronunciarse en las urnas. Sin embargo, ERC presiona con la celebración de esa consulta, quiera o no el Estado, y está dispuesta a romper su acuerdo de legislatura con CiU si Mas renuncia a la misma.
Por contra, si el Mas accede a las pretensiones republicanas de celebrar un referéndum ilegal, sería UDC la que rompería con CDC. La «inmolación» de Mas resulta casi inevitable, dado el fracaso que supone la imposibilidad de cumplir con una promesa electoral tan importante y que tanto ha eclipsado su acción de gobierno como ejercer el derecho a decidir.
Adelanto electoral, por tanto, y sustitución de Artur Mas por otro candidato, lo que abre el melón de la sucesión en una federación en la que Unió vuelve a tener mucho que decir. Nunca es fácil elegir relevo, pero mucho menos cuando los posibles aspirantes han quedado relegados por propia voluntad (Lluís Recoder ha abandonado la política) o a la fuerza (sobre el todavía diputado Oriol Pujol pesa una inculpación judicial por supuesto trato de influencias en la adjudicación de estaciones de ITV).

Moderación
Suena un moderado, el actual consejero de Territorio de la Generalitat, Santi Vila, que podría satisfacer a Duran y a esas voces, sociales, económicas, mediáticas y políticas, que apelan precisamente a eso, a la moderación. Como la que parece abrazar ahora el independentista Felip Puig, titular de Empresa, cuyo negociado le ha dado un baño de realidad económica decisiva en sus llamamientos a la calma y en su elección como posible sucesor. «Ni antes era un talibán, ni ahora me ha pasado todo el mundo por delante», aseguraba hace unos días quien, al igual que otros consejeros, no soportan más la asfixia secesionista.
Pero, sean quien sea el relevo, la hipotética marcha de Artur Mas implica admitir el triunfo de ERC. Y eso inquieta a UDC y a amplios sectores de CDC. Solo un reducto de convergentes rabiosamente separatistas creen en el sacrificio político en aras a conseguir que Cataluña sea independiente. Los mismos que estarían dispuestos a pasar a las filas republicanas e incluso integrar una lista conjunta. Los mismos que ven a Francesc Homs, consejero de Presidencia, como el único patriota incapaz de abandonar el barco con rumbo a Ítaca antes de tiempo.
En el pasado, Artur Mas ya dio avisos sobre su posible retirada. Tras convocar las elecciones en 2012, también adelantadas, aseguró que «una vez que Cataluña haya alcanzado los objetivos nacionales que el pueblo catalán decida, yo no volveré a presentarme», aunque no concretó si eso se produciría en una o dos legislaturas. Previamente, cuando su estrategia política pasaba por la «casa común del catalanismo», plataforma transversal en la que todas las formaciones tenían cabida, dijo estar dispuesto a ceder el liderazgo.