Juan Carlos Girauta-ABC

  • Repare el lector en los sacrificios de sus figuras más preeminentes, que hasta han tenido que hacerse ricos por Cataluña

Los socialistas se parecen cada vez más a sus socios, los separatistas unidos, ‘contradictio in terminis’. Sobre todo en la siembra calculada de discordia. Eso pasa por algo. Algo de enjundia. Pero también está el roce continuado. Los nacionalismos periféricos se han colocado cerquita de Sánchez porque le ven futuro como demoledor del sistema. Es lógico. Hay coherencia, claridad y tesón: ahí esta el ‘ho tornarem a fer’, volveremos a hacerlo, como cuento de nunca acabar, matraca o, en mi segunda lengua, ‘cançó de l’enfadós’.

Curiosa insistencia en lo que nadie ignora. ¿No sabemos a estas alturas que ese romanticismo político que llamamos nacionalismo catalán está dispuesto a todo? Repare el lector en los sacrificios de sus figuras más preeminentes,

que hasta han tenido que hacerse ricos por Cataluña. Por ella se ven obligados a robar una y otra vez. Por ella siempre, en pos de la independencia de la nación oprimida, se han rebajado a buscar las más creativas formas de impunidad. Yo es que me emociono.

¿No sienten acaso el zarpazo de su filantropía, el golpe de su abnegación ‘al servei del poble’? Ellos no buscaron nada de todo esto. Sin el yugo español, los malversadores, los empresarios adheridos a la inagotable teta del erario vía Generalitat, los que renuncian a la paz interior vertiendo dolorosas mentiras a granel desde los medios públicos y privados del Principado, llevarían vidas amables, discretas, humildes.

Ararían los campos, contemplarían orgullosos los viñedos al atardecer. Agotados, sí, pero felices en la continuidad de su destino manifiesto sobre una tierra que resulta ser la mejor del mundo. O surcarían los mares siguiendo tradiciones milenarias, comerciarían, celebrarían schubertiadas y juegos florales. Y solo en la noche cerrada, bajo la cúpula estrellada de un cielo tan eterno como su país, cerrarían las puertas de la casa ‘pairal’, la casa solariega, en la confianza de cumplir con su papel: ser eslabon de una larga e ininterrumpida cadena.

Pero, ‘hélas’, la avidez insaciable de España, la envidia mesetaria, les ha obligado a quemar su existencia, montar una impenetrable red clientelar, hacerse banqueros ‘sui generis’, combativos editores, subvencionarse hasta el vómito, eliminar los matices del discurso público, hablar con una sola voz, recurrir a paraísos fiscales, penetrar la Conferencia Episcopal y la CEOE, que ya ves lo que les importa a ellos, sencillos y altruistas en su corazón. Cuánto sacrificio en aras de la ‘nació’, en pos de los catalanes del futuro. Para que no se hablen lenguas extrañas sobre esa tierra que tantos han ambicionado. Para que la propia lengua, la lengua propia, no se contamine de barbarismos castellanos. Para evitar la voracidad del Estado. Para tantos fines elevados, en fin. Si no te emocionas no tienes corazón. Me vas a venir ahora con no sé qué multas de un tribunal remoto por un quítame allá esas pajas.