Cuenta mi colega Angela Martialay que el dictamen entregado por los peritos a la juez Collazos sobre Plus Ultra, 500 páginas, ha detectado una irregularidad por la que no procedía la ayuda pública de 53 millones concedida por Sánchez. El informe cuestiona que la compañía cumpliera con la exigencia de no encontrarse en situación de crisis financiera a 31 de diciembre de 2019 para poder ser rescatada por el Ejecutivo, tal como exigía la Unión Europea.

Esto marcó la vida política del antiguo número 3 de Sánchez, José Luis Ábalos, junto a otros asuntos de feliz recordación, como la entrada en territorio español, y por lo tanto europeo, de una delincuente internacional, Delcy Rodríguez, con 40 maletas que aquí quedaron y de las que algo sabrá  Zapatero, porque venía a verle a él.

Hoy, Ábalos es un cadáver político ante el 40º Congreso del PSOE, aunque con toda probabilidad no era una cuestión personal, solo negocios. El Congreso vino a demostrar algo de interés: Fira Valencia, que acogió el evento, es el único lugar de España en el que no se abuchea a Pedro Sánchez.

El nuovo, ma non troppo, secretario general convocó un mitin para su discurso. Algo grotesco: Prometió abolir la prostitución. Pero hombre, Pedro, si el gasto de tus dirigentes andaluces en prostíbulos con tarjetas de la Junta ha sido la única contribución socialista a rellenar la brecha de género.

Otra parida no menor fue la invocación de Maixabel Lasa como ejemplo de los valores del partido: “Demostraremos a los verdugos de ayer la superioridad de nuestros valores como hace Maixabel para asombro y admiración de todos ¿Se puede ser más valiente?”

Maixabel Lasa sufrió un proceso de expulsión por un motivo que no le discutiré al PSE: en las elecciones del 10-N, pidió el voto para Más País, no para el partido que ya dirigía Pedro Sánchez. Los socialistas guipuzcoanos, muy puestos en razón, la denunciaron y antes de que concluyera el proceso de expulsión ella se dio de baja.

Invocó la socialdemocracia  profusamente y se abrigó con Felipe González y Zapatero a los que citó en 17 ocasiones: los pusieron a parir, como ahora hacen conmigo. Mintió como es norma de la casa, o sea, en cada párrafo, ninguna novedad. Si la hubo en cambio en el discurso de Felipe el sábado, en el que reivindicó su papel de jarrón chino. Más entretenido que Sánchez, eso sí, pero su discurso, como ha sintetizado afortunadamente Rosa Díez, blanqueó a Sánchez de análoga manera a cómo Sánchez blanqueó a los herederos de ETA y a los golpistas catalanes.

Lo más grave es que ya no cabe hablar de ‘sanchismo’ para reivindicar  un PSOE clásico, democrático y nacional. Ya es todo uno, recuerden lo que le decía Harry Lime a su amigo Holly Martins en ‘El tercer hombre’: “En Italia, (sic) en 30 años de dominación de los Borgia hubo terror, guerras y matanzas, pero surgieron Miguel Ángel, Leonardo da Vinci y el Renacimiento. En Suiza hubo 500 años de amor, democracia y paz ¿y cuál fue el resultado? El reloj de cuco”.

Felipe ha logrado la integración: el PSOE es ya una armoniosa síntesis del crimen y el reloj de cuco.