Alejo Vidal-Quadras-Vozpópuli

  • La clave de las tres se encuentra en la que han emprendido Israel y Estados Unidos contra la teocracia iraní

El mundo contempla con preocupación creciente el desarrollo de tres guerras que tienen lugar simultáneamente en espacios geográficos distintos, pero que están estrechamente ligadas entre sí. En las tres, la posición de Estados Unidos resulta crucial para su evolución, pero en ninguna de ellas la primera potencia del globo se decide a un remate verdaderamente resolutivo. La atención norteamericana está actualmente centrada en el enfrentamiento con Irán en el que Donald Trump se ha implicado muy a fondo personalmente y esa es una buena noticia. En Gaza y en Ucrania el papel que juega Washington no es directo y se limita a apoyar a su tradicional aliado, Israel, a la vez que lo contiene, y a suministrar armas a Zelensky, aunque no de forma que le permita derrotar a Putin definitivamente.

Rusia y la República Islámica iraní colaboran activamente en el terreno militar y el régimen de los ayatolás es el principal financiador y mentor de Hamas y Hizbulá, por lo que el triángulo Moscú-Teherán-Gaza aparece como el origen de la inestabilidad y las perturbaciones económicas que dominan la escena internacional. Estos tres teatros bélicos comparten una característica común: planteados los tres por sus iniciadores como una acción rápida y contundente que se llevaría a cabo en pocos días y que conseguiría sus objetivos con éxito, todos ellos se han enquistado y se encuentran en situaciones a las que no se les ve una salida ni a corto ni a medio plazo. En cuanto al futuro remoto, ya lo dejó claro Keynes, “A largo plazo, todos muertos”.

Una burla cruel

El martirio del pueblo ucraniano lleva ya cuatro años y cuatro meses de duración y su balance en términos humanos y materiales es pavoroso. Más de dos millones de víctimas entre militares y civiles sumados los dos bandos, muertos, heridos y desaparecidos, y un coste financiero gigantesco, ambas economías convertidas en economías de guerra. Por dar un dato que refleja el desastre, se estima que el esfuerzo de reconstrucción que necesitaría hoy Ucrania sería de cerca de 600.000 millones de euros. La calificación de “operación militar especial” para una contienda en la que el número de bajas de las fuerzas armadas rusas equivale ya a seis veces el que sufrieron los Estados Unidos en Vietnam no es otra cosa que una burla cruel. El recrudecimiento de la tragedia de Gaza se inició tras la vil incursión de Hamas en el sur de Israel el 7 de octubre de 2023 y continúa activo y letal. En cuanto al choque explícito entre Irán y Estados Unidos se encuentra a punto de cumplir su quinto mes y no tiene visos de detenerse.

El problema es que estos conflictos son para sus impulsores una cuestión existencial y este aspecto de la situación hace enormemente difícil su tratamiento. Para el dictador ruso la invasión de su vecino meridional es una manera de demostrar poder y de recuperar influencia en el plano internacional además de galvanizar a su pueblo bajo su férula. Un fracaso de esta maniobra implicaría el final de su vida política con deshonor y ridículo, algo imposible de aceptar por su parte. Por consiguiente, mantendrá las hostilidades sea cual sea el precio y si la resistencia ucraniana persiste hasta poner en peligro su mandato, puede recurrir a medidas extremas de consecuencias imprevisibles.

Espantosos crímenes

Los clérigos iranís y su brazo armado, la Guardia Revolucionaria, tampoco pueden ceder en temas esenciales, su programa nuclear, el sostén a sus milicias violentas en la región, la brutal represión interna y el saqueo de las riquezas de su país porque cualquier muestra de debilidad en estos puntos animaría a sus ciudadanos a la subversión y al derribo de una estructura político-religiosa que les oprime, les empobrece y a la que detestan. A lo anterior hay que añadir que los capitostes del régimen saben que un cambio de sistema en el que perdieran el poder les acarrearía como mínimo prisión a perpetuidad, tan espantosos son los crímenes contra la humanidad que han cometido y tan larga es la lista de ejecutados, torturados y exiliados sobre su conciencia, si es que la tienen.

En cuanto a Hamas y Hizbulá, organizaciones terroristas a las órdenes de la tiranía iraní, que las financia, entrena y da instrucciones, no serían nada sin su maligno empleador y en su ausencia desaparecerían como azucarillo en agua.

La conclusión de este análisis es que la empresa prioritaria, en la que debe concentrarse Estados Unidos, es el cambio de régimen en Irán anulando por completo su capacidad militar y represiva mediante ataques aéreos continuos y letales hasta poner de rodillas a la banda de asesinos y ladrones que gobierna la antigua Persia y allanando así el camino para que el pueblo se pueda rebelar guiado por la resistencia organizada. Una vez eliminado el principal foco de veneno que emponzoña Oriente Medio, todas sus filiales quedarían anuladas y Rusia perdería a su mayor suministrador de drones. La clave de las tres guerras aparentemente sin solución se encuentra en la que han emprendido Israel y Estados Unidos contra la teocracia iraní, cuyo desenlace favorable a Occidente arrastraría a las otras dos a su final. Ojalá entiendan este hecho en la Casa Blanca, en el departamento de Estado y en el Pentágono y tomen las decisiones pertinentes. Si no lo hacen, nos acecha un desastre de tremenda magnitud. Con la Unión Europea, como es habitual, no se puede contar.