Rosario Morejón Sabio-El Correo

  • Trump se alía con Putin y Moscú solo le devuelve respuestas hirientes para su mediación

Descabellada alianza. En su fascinación por Vladímir Putin, Donald Trump, presidente de Estados Unidos, ha terminado en sus brazos. ¿Quién iba a suponer que los pronósticos de las elecciones de medio mandato, el 3 de noviembre, impondrían un serio revés en la guerra en Ucrania? No se auguran buenos resultados para la mayoría republicana en el Congreso. El conflicto que abrasa Oriente Medio ha disparado los precios en los surtidores. Así que Trump está quemando todos sus cartuchos. El 9 de octubre pactó con Putin la compra de miles de millones de toneladas de gasóleo ruso, con la esperanza de limitar las pérdidas de votos. Reconocer que su «pequeña excursión» para acabar con el régimen de los ayatolás es el origen de las dificultades de los consumidores-electores estadounidenses sería admitir su propia responsabilidad: impensable.

El diálogo entre Ucrania y Estados Unidos queda muy dañado por esta traición. El mazazo del republicano se salta muchas negociaciones para obligar a Ucrania a capitular. Abandonar las sanciones impuestas a Rusia por los occidentales, inflar las cajas del Kremlin para alimentar la guerra en Europa carece de importancia para el jefe de los MAGA. En su desprecio por los aliados, ordena a Volodímir Zelenski parar los bombardeos de las refinerías en Rusia, sin exigir la equivalencia a Moscú, que persiste con sus ataques.

El presidente ucraniano no piensa renunciar a los bombardeos de instalaciones petrolíferas rusas, una de las armas más eficaces de Kiev. Trump sube el tono: los ucranianos deben cambiar de presidente: «Zelenski no es una buena persona para negociar». No se ha escuchado al golfista de Mar-a-Lago decir otro tanto a los rusos sobre su presidente, el mismo desde hace 26 años. Tampoco le hemos escuchado nunca decir que Rusia es el país agresor. Putin y solo Putin desencadenó la «operación especial» para unos ‘quince días’…

En su afán por vender a su electorado una paz que dice tener al alcance de la mano, el pretendiente al Nobel de la Paz mantiene una discutible mediación. Steve Witkoff llegaba solo a San Petesburgo el día 21 con la pretensión de avanzar en el final de la guerra. Compañero de golf de Trump, era su noveno encuentro con Putin. Acudía Witkoff para presentar al presidente ruso las deliberaciones de la víspera en Oslo con Zelenski, el primer ministro noruego, Jonas Gahr Store, y el presidente finés, Alexander Stubb. El pobre peso de la delegación estadounidense habla por sí solo de los verdaderos intereses de Trump: evitar a todo trance cualquier roce entre Washington y Moscú.

El antiguo teniente coronel del KGB expuso sus condiciones. Se suspende el encuentro previsto en Abu Dabi hasta después del 10 de noviembre. Zelenski está dispuesto a abordar temas cruciales referidos a los territorios ocupados. Pero según el consejero especial de la diplomacia rusa, Yuri Ushakov, la ronda de negociaciones será sobre «la construcción de un sistema de seguridad para Rusia y para Ucrania, una vez terminado el conflicto». Putin sigue choteándose de los negociadores estadounidenses. «Los nuevos elementos aportados por Witkoff no añaden nada útil a un arreglo de la crisis ucraniana», abundó Ushakov. Una tregua recíproca de los bombardeos de las infraestructuras energéticas, como reclaman Ucrania y Europa, no procede, había anticipado el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov. Declaraciones hirientes para la mediación norteamericana y para cualquier proyecto de paz.

Como prueba, en la noche del 21 al 22, Putin repitió ofensiva. Ya no se corta; va directo a Kiev y Odesa. El mando militar, satisfecho con los objetivos atacados: el puerto de Kilia, un carguero en el mar Negro con grano para el ejército ucraniano; la empresa aeronáutica Antonov, a la que atribuye la producción de drones de largo y medio alcance, así como misiles FP-5 Flamingo y FP-9, almacenes con los modelos Hornet, instalaciones dedicadas a la fabricación de vehículos aéreos no tripulados y sistemas robotizados. El parte de guerra ruso prosigue: el puente sur de Kiev, infraestructuras energéticas y residencias de la capital… El balance de muertos es para Zelenski. Así es el talante «humanitario» ruso, condenaba el presidente ucraniano con ironía parafraseando las alabanzas de Steve Witkoff hacia Putin después de obtener la liberación de un estadounidense encarcelado en Rusia.

Los ‘humanitarios’ rusos se han aplicado a fondo; han cogido vuelo gracias al acuerdo del diésel. Mientras aceptan reanudar conversaciones en noviembre, disfrutan viendo a los aliados europeos empantanados en sus incertidumbres políticas, sus dificultades económicas que obligan a algunos gobiernos a replantearse la ayuda a Kiev. Desconocemos si los MAGA arañarán algún voto; desprestigio, sí. El secretario de Estado, Marco Rubio, empieza a valorar el vértigo geopolítico generado por Donald Trump al hacer de Moscú el socio preferencial de Washington.