Pablo Martínez Zarracina-El Correo
- Desaparece la histórica frontera física entre La Línea y Gibraltar
La medianoche del martes desapareció la Verja que separaba La Línea y Gibraltar. Desaparecieron con ella los controles aduaneros y las largas colas que entorpecían la vida de la zona, muy especialmente para los quince mil trabajadores transfronterizos que cada día cruzan de un lado a otro. Los controles se endurecieron tras el Brexit, cuando la Verja, además de en una rémora histórica, se convirtió en frontera exterior de la Unión Europea. Eso explica que Fabian Picardo, el ministro principal de Gibraltar, defina el Brexit como «la mayor autolesión británica en ochenta años». La geografía pesa y el 96% de los llanitos quisieron quedarse en la UE. La medianoche del martes Picardo cruzó simbólicamente a España sin enseñar el pasaporte mientras el alcalde de La Línea avanzaba en dirección contraria y sonaba para la ocasión el ‘Himno a la alegría’. Ya en la mañana de ayer hubo un acto político y podría haber sonado ‘The wall’ porque Pedro Sánchez celebró la caída del «último muro de la Europa continental». Imagino que el muro que el propio Sánchez levantó en su discurso de investidura debe de estar en la Europa espiritual. La idea que transforma la Verja en un muro venía ya trabajándola con solemnidad el ministro Albares, que parece con frecuencia la única persona en la sala que se sabe contemplada por la historia.
Como el corazón de los llanitos es contradictorio, en Gibraltar celebran la caída del muro garantizándole a su gente que la seguridad se refuerza de un modo sustancial, con nuevas vallas «antiescalada» como las de los perímetros militares, circuitos cerrados de televisión, cámaras de reconocimiento facial y lectores automáticos de matrículas. La verdad es que Gibraltar es un lugar muy extraño. Es famoso por unos monos muy antisociales, los aborígenes combinan sin darse cuenta el solemne inglés del Rey y el luminoso gaditano callejero y Ortega Smith conquistó a nado y en solitario el Peñón en 2018. Se entiende que la Unión Europea y el Reino Unido hayan tardado diez años en encontrar la forma de eliminar los controles en la Verja y que el acuerdo firmado ronde las mil páginas. A grandes rasgos, el resultado es que Gibraltar no se incorpora de ningún modo al espacio Schengen, pero el ciudadano europeo podrá circular por Gibraltar notándolo todo, la verdad, bastante Schengen. «Los límites no existen para ser superados, sino para ser resueltos», celebró ayer Pedro Sánchez, que es un político enemistado con la posibilidad de que los límites estén para no traspasarlos.
País Vasco
Pantallas y valores
De las tres capitales vascas, Bilbao –se supone que próxima sede mundialista– es la única en la que la municipalidad no instalará una pantalla gigante para ver la final del Mundial. Si quieres hacerlo, claro. Juega España la final, quizá hayan oído algo. En Bilbao la teniente de alcalde socialista explica que el alcalde del PNV no quiere poner la pantalla y al final la pondrá, por su cuenta, el PP. En Vitoria la alcaldesa es del PSE y la pantalla ya se instaló en la semifinal contra Francia, en la plaza de Santa Bárbara. Para la final, se traslada a la plaza de España, que tiene más aforo. En San Sebastián el alcalde es del PNV y la pantalla va frente al Palacio de Hielo. El concejal de Deportes habla de «cita histórica» y «ambiente festivo y de convivencia». Incluso Pamplona, con alcalde de Bildu, tendrá pantalla gigante. Nota al margen: una cosa que se puede hacer con una pantalla gigante que por alguna razón te parece mal es no acercarte a mirarla. Acercarte para señalar e intimidar es otra opción muy enraizada. Sucedió durante la semifinal contra Francia en las fiestas de Barakaldo, donde una txosna sacó una televisión para ver el partido y hubo lío. En el País Vasco se habla mucho de diversidad, pero en el recinto festivo de Barakaldo hay barras donde no te sirven si llevas puesta la camiseta de España, ni siquiera la blanca. La explicación es que esas txosnas exigen una selección «vasca, euskaldun, feminista y socialista» y no comparten «los valores» que transmite la selección de Luis de la Fuente, que yo imagino que son la presión tras pérdida y el juego veloz al primer toque.