- Creo que a los españoles les vendría bien ver una película como ésta que es una lección de lo que hay que hacer si tu país está gobernado por un colaboracionista con el que ha ordenado la ocupación de una parte de tu patria
Se ha estrenado en Francia una nueva biografía cinematográfica del general De Gaulle centrada en los cinco años de la Segunda Guerra Mundial. Aunque ya se puede ver en otros países, como el Reino Unido, en España no encuentro ni previsión de estreno. Pero no quiero dejar de escribir sobre ella porque me parece una obra monumental por muchas razones.
Se titula La Bataille de Gaulle (La Batalla De Gaulle) y está dividida en dos películas de unos 150 minutos cada una. L’Âge de fer (La edad de hierro) que narra la caída de Francia en 1940, la llegada de De Gaulle a Londres y los comienzos de la Francia Libre y J’écris ton nom (Escribo tu nombre), que continúa la historia hasta la Liberación de Francia en 1944. El guion está basado en la biografía del historiador británico Julian T. Jackson, De Gaulle: Une certaine idée de la France. (De Gaulle: Una cierta idea de Francia). Baste decir como prueba del éxito en Francia que desde el estreno en junio las han visto más de cinco millones de espectadores.
Lo que más me impresionó en el primer capítulo es la imagen que se da de una Francia rendida a los nazis y profundamente colaboracionista. Y a raíz de ello la soledad absoluta de un Charles de Gaulle que llega a Londres con una mano delante y otra detrás. Su primer seguidor fue un fontanero que no hablaba francés y que le acompañaría hasta el final de la guerra. Yo creo que los franceses se están dando a sí mismos una gran lección de Historia sobre un personaje que logró que Francia, que se alineó con los nazis, acabara siendo contada en el bando de los vencedores de la contienda mundial. Y no precisamente por la ayuda de Estados Unidos.
La obra documenta minuciosamente todo lo que Franklin Delano Roosevelt hizo por quitarse de encima a De Gaulle frente al apoyo intermitente que le daba Winston Churchill. Cuando las tropas americanas ocupan Argelia, su comandante en jefe el general Eisenhower, rechaza a De Gaulle y nombra jefe del Gobierno al almirante François Darlan, que era vicepresidente del consejo de ministros del régimen pronazi de Vichy. Y Darlan continúa la represión contra los cada vez más seguidores de De Gaulle. Es decir, lo que hemos visto hacer a Trump en Venezuela, descabezando el régimen, pero dejando a los mismos chavistas en el poder es lo mismo que hicieron Roosevelt y Eisenhower en Argelia, donde De Gaulle intentaba asentar la Francia libre. Darlan es asesinado en Argel y Roosevelt intenta colocar al general Henri Giraud, que durante un año copreside con De Gaulle el Comité Francés de Liberación Nacional en Argel y le desprecia llamándole siempre Gaulle y no De Gaulle, hasta que todo el comité se alinea con De Gaulle contra Giraud.
En la película se da todo el mérito que merece al general Philippe Leclerc, un noble francés que tomó el África Ecuatorial para la Francia Libre, derrotó a Rommel en inferioridad de condiciones y después, siguiendo las órdenes de De Gaulle, desobedeció al comandante supremo aliado Ike Eisenhower y siguió ruta hasta entrar los primeros en París el 25 de agosto de 1944.
Creo que a los españoles les vendría bien ver una película como ésta que es una lección de lo que hay que hacer si tu país está gobernado por un colaboracionista con el que ha ordenado la ocupación de una parte de tu patria.
Pero como nada es perfecto, los dos días que fui a ver las películas, justo antes de comenzar la emisión se anunciaba el estreno el 30 de septiembre de una película reivindicando la legitimidad y el bien hacer del régimen de Vichy. Por eso era tan importante para los franceses esta película sobre De Gaulle. Porque sigue habiendo muchos más petainistas de los imaginables. En todas partes.