Editorial-El Correo
- La parada militar por el 81º aniversario del Día de la Victoria en Moscú ha exhibido, sobre todo, el estado de agotamiento nacional ruso
Desde 1995, Rusia celebra el desfile del Día de la Victoria en la Plaza Roja, en conmemoración del triunfo de la Unión Soviética sobre la Alemania nazi, la llamada la Gran Guerra Patriótica, en las postrimerías de la Segunda Guerra Mundial. Cada 9 de mayo se organizan una serie de actos de homenaje en Moscú. El desfile suele ser una demostración ostentosa del poder militar ruso, e incluye misiles balísticos, tanques y un gran despliegue de tropas. A modo de ejemplo, el desfile del año pasado, con ocasión del 80° aniversario, contó con más de 11.000 efectivos, 200 vehículos y 30 líderes mundiales, entre ellos el presidente chino, Xi Jinping.
En cambio, este año las celebraciones del 81º aniversario han resultado más amargas. Se trata de la quinta celebración desde que Rusia invadió Ucrania, una operación que comenzó en febrero de 2022 y se creía que estaría resuelta antes del 9 de mayo del mismo año. Tal vez esto explica el contraste de los años anteriores con este, más austero en todas sus vertientes. Por primera vez desde 2007 no se ha contado con tanques, demasiado ocupados en la eterna invasión de Ucrania. Las tropas, aun incluyendo militares de Corea del Norte, han sido inferiores en número, lo cual no es de extrañar porque llevan luchando en Ucrania por un periodo superior al de la intervención soviética que precisamente se celebra, entre 1941 y 1945. La menor representación de autoridades también se hizo notar: además del fiel Alexander Lukashenko, presidente de Bielorrusia, estuvieron presentes los líderes de Laos y Malasia, pero no, por ejemplo, Xi Jinping. Asimismo, por primera vez la representación extranjera ha sido escasa: nunca hubo menos invitados y hasta se revocaron las acreditaciones de periodistas extranjeros.
Putin pronunció un discurso en el que subrayó la necesidad de «combatir a la OTAN», en tanto que, a su juicio, constituye la gran amenaza para el país. A nadie se le escapa que su decisión de atacar Ucrania poco tiene que ver con la Alianza Atlántica y que, a pesar de controlar alrededor del 19,4% del país vecino, sus avances se ralentizan y cada vez cuesta más lograrlos. Es este estado de agotamiento nacional el que se exhibió en el desfile. Ni siquiera los ejercicios acrobáticos de varios cazas creando la tricolor pudieron encubrir el ambiente deslucido de la celebración, que los rusos quisieron atribuir al riesgo de ataques de drones ucranianos.