Iñaki Ezkerra-El Correo

El Banco Central Europeo baraja seriamente la posibilidad de poner la cara de Miguel de Cervantes en una nueva edición de los billetes de euros. Quiere cambiar el diseño del papel moneda que manoseamos y que se encuentre representada en éste la gran cultura del continente. A uno no puede parecerle mal la idea de promocionar la literatura en estos feos tiempos regidos por unos políticos alérgicos a la lectura y de publicitar la imagen de España en el exterior, pero no acaba de ver como la más feliz idea relacionar tan explícita y directamente al autor del ‘Quijote’ con el dinero contante y sonante. Como bien se sabe, la cuestión pecuniaria constituye un episodio espinoso en la biografía del manco de Lepanto al que se acusó en su época de tener la mano larga. Acusación que le llevó a dar con sus ilustres huesos en la cárcel en una buena serie de ocasiones; en unas por presuntas irregularidades mientras desempañaba el cargo de comisario real de abastos de la Armada y, en otras, por supuesta apropiación de dinero público mientras ejercía la ingrata tarea laboral de recaudador de impuestos.

No. No sé si es muy oportuna esa iniciativa del Banco Central Europeo de trasladar a Cervantes de la España de los maravedíes del siglo XVI a la Europa de los euros del siglo XXI. No sé si no hay detrás de esa ocurrencia una pérfida maniobra de sibilino descrédito dado el engorroso contexto judicial en el que anda sumido nuestro país y justamente en unos días en los que está el foco mediático puesto en la corrupción económica de nuestros dos grandes partidos: en los sobres y sobresueldos de Bárcenas o las chistorras y las lechugas de Koldo y Ábalos. ¿Es mentar la soga en casa del ahorcado?

No sé, en fin, si la deferencia de poner el rostro de nuestro novelista más universal en los billetes en curso de la Unión Europea no va con unas segundas intenciones y, en lugar de suponer un reconocimiento a su indiscutible genio, no nos va a salir el tiro por la culata. O quizá sí es una buena idea. Quizá estamos ante una dignificación nacional por elevación literaria. Quizá, con el aterrizaje de Cervantes en el Euro, la literatura viene a redimirnos de nuestra vulgar prosa narrativa de todos los días.