Iñaki Ezkerra-El Correo

  • Son aquellas pesadillas del covid y del ébola las que regresan estos días con todas sus contradicciones

Es ya una tradición nacional: en cuanto hay un virus flotando por el éter del Globo terráqueo, vamos nosotros y lo pillamos. La autolesiva costumbre tiene su gran antecedente en la gripe española, que de española no tenía nada, pero que se nos pegó como un chicle del que no hay forma de librarse. Como se sabe, fue la condición neutral de nuestro país en la Guerra del 14 la que nos permitió informar libremente sobre la pandemia del 18 sin la censura que se impuso en las naciones metidas en el conflicto para no desmoralizar a sus tropas. Para una vez que hicimos las cosas bien abrazando la libertad de prensa, la honestidad se volvió contra nosotros y se nos premió con ese estigma que nos otorgaba la paternidad del virus.

Y, de la gripe española que no era española, pero que la adoptamos como si lo fuera, pasamos al ébola del 2014, que era africano; al covid del 2020, que era chino, y ahora al hantavirus del 2026, que es argentino, pero al que, como a los anteriores, vamos a darle la nacionalidad exprés para repetir el ritual de la confusión, la improvisación, la desinformación y la contradicción flagrante. La verdad es que la OMS no tiene buena idea y juega con fuego al elegirnos como anfitriones del nuevo huésped vírico.

Sí. Vuelven todas las contradicciones de la pandemia y las del traslado a España de los misioneros infectados del ébola en Liberia. Si, en la pandemia, tan pronto había que usar mascarillas como deshacerse de ellas gracias a un equipo de expertos que tan pronto trabajaba a jornada completa como no existía, el episodio del ébola tampoco se quedó corto en incoherencias rocambolescas. Todo estaba calculado al milímetro para la repatriación de los religiosos, pero en la víspera se dudaba si iban al Gómez Ulla, a La Paz o al Carlos III, donde finalmente recabaron y donde hubo una enfermera que estaba tan preparada para el gran reto que se fue a la pelu con el virus puesto. Son aquellas pesadillas las que regresan en estos días. Se dice que el virus no es contagioso, pero se ha dictado poco menos que una orden de busca y captura de todos los que desembarcaron del crucero maldito en Santa Elena. Se dice que solo se contagia por contacto con los fluidos, pero hay quien lo pilla a distancia. Se dice que la cuarentena será voluntaria y a la vez que será obligatoria.

Sí. Con ese ‘MV Hondius’ con destino a las Canarias, vuelven los tests de anticuerpos y los ‘peceerres’. Vuelve Fernando Simón, que en realidad nunca se había ido. Y volverá alguien que haga negocio con las mascarillas, los transportes sanitarios o la desratización del barco. La pena es que este chollo les ha pillado a Koldo y Ábalos fuera de servicio.