Editorial-El Correo
- El informe que apunta a una implicación de gendarmes marroquíes en la organización del éxodo hacia Ceuta desbarata el relato conciliador de Sánchez
El Gobierno afronta en Ceuta una crisis sin precedentes desde el punto de vista humanitario, diplomático y administrativo. Pero un mes después de la entrada masiva de más de 70.000 migrantes, resulta desalentador para la confianza en las instituciones del Estado que se mantenga enredado en la improvisación y la falta de transparencia. Que eluda su responsabilidad en la debida vigilancia fronteriza o exonere de ella a las autoridades marroquíes sin ofrecer garantías de una neutralidad dudosa. No es que sus explicaciones sobre el origen de la crisis sigan siendo claramente insuficientes o vayan a remolque de las revelaciones de informes policiales y testimonios creíbles como el de su ministra de Defensa, apoyada en el CNI. Es que aún ni siquiera hay en el Ejecutivo de Pedro Sánchez una evaluación compartida sobre los graves acontecimientos vividos los pasados 30 y 31 de julio en la frontera con Marruecos.
La posibilidad cierta de que gendarmes marroquíes facilitaran el flujo migratorio hacia territorio español, una versión salida de la dirección general de la Policía que el ministro Grande-Marlaska dijo desconocer hasta ayer, obliga al gabinete de Sánchez a aclarar de una vez dos aspectos que comprometen su diligencia: por qué fracasó el control fronterizo con un país vecino de escasa fiabilidad y cuál es el alcance de una eventual implicación del régimen de Mohamed VI en lo que Sánchez definió como «violación de la integridad territorial» de España. No es tiempo de relatos interesados -hasta la fecha, el presidente ha puesto más el foco en la posible intervención de Rusia o de mafias que en el Gobierno marroquí-. Es la hora de «conocer la verdad», como pide el presidente ceutí, Juan Jesús Vivas.
El informe del Centro Nacional de Inmigración y Fronteras, que atribuye a las Fuerzas de Seguridad marroquíes la organización del éxodo, ha dejado en evidencia al Gobierno español, especialmente al ministro del Interior. Pero también cuestiona el liderazgo de Sánchez en una crisis que hubiera exigido de él una mayor implicación y el encargo de una investigación rigurosa sobre cómo la frontera pudo convertirse en un coladero. Si se confirman las revelaciones, en manos de la jueza de la Audiencia Nacional que instruye la entrada masiva, el Ejecutivo estará obligado a depurar responsabilidades y a dar un paso al que se resiste: incrementar la presión diplomática sobre Marruecos. De momento, ha desbaratado el relato conciliador con el que Sánchez comparece hoy en el Congreso.