José F. Peláez-ABC

  • Los buques marroquíes están hasta en la sopa, eso lo sabe hasta el último español

Dice Elma Saíz que la entrada de unos buques militares marroquíes dentro de aguas españolas es un hecho puntual. Vamos, que es normal, una anécdota, algo sin importancia. Y yo la entiendo, ¿ quién no se ha encontrado unos buques de guerra alguna vez en la vida? En Valladolid raro es el día que no vemos un par de ellos remontando el Pisuerga, aguas arriba, como los salmones, hasta Aguilar de Campoo. Los buques marroquíes están hasta en la sopa, eso lo sabe hasta el último español. Solo un extraterrestre podría alarmarse de encontrarse con uno. Y mucho menos si se trata de la fragata Mohamed VI, que tiene 142 metros de eslora, es decir, como el Bernabéu a la altura del José Luis. Algo inofensivo, un barquito pesquero, poco más que un catamarán de esos que se ven en Nerja. Además, viene de un país leal que lo único que ha hecho es reivindicar esas aguas como propias. Yo creo que tampoco es para tanto.

Son cosas que pasan en las mejores familias. Mi vecino, por ejemplo, lleva años reivindicando que el baño de mi casa es de su propiedad. Dice que está dentro de su territorio, que el retrete es una especie de meandro –posible pleonasmo– y que mi estancia allí supone una anomalía histórica. Puede que ese fuera el motivo por el que el otro día me lo encontrara duchándose en mi bañera. El tipo tenía su albornoz colgado, unas zapatillas a juego y sus patitos de goma. De goma 2, concretamente. Mientras se enjabonaba cantaba una vieja tonadilla chaabi, que en casa quisimos acompañar con palmas y unos graciosos golpes de tacón. No lo di más importancia. Mi hija, eso sí, me preguntó extrañada, pero le dije que era solo un hecho puntual. Y aproveché el momento para dejarle claro que lo importante en estos casos es no sobreactuar. Si uno empieza por preguntarle al vecino qué hace dentro de su bañera puede acabar provocando un conflicto diplomático, y ya sabemos que la convivencia exige ciertas renuncias. Así que cerré la puerta con discreción y le dije a la niña que mejor usara el baño pequeño. Hay que ser prudentes. Sobre todo, porque mi vecino puede ser un tipo susceptible. Y yo, desde luego, no pienso caer en ninguna provocación.

El problema, en todo caso, será cuando deje de conformarse con ducharse y empiece a traer las toallas. O cuando un día cambie la cerradura, coloque la foto de su familia junto al bidé y nos explique que lleva siglos utilizando ese cuarto de baño. Para entonces supongo que Elma Saiz nos tranquilizará diciendo que no conviene sacar conclusiones precipitadas, que la situación está bajo control y que hay que saber interpretarlo en el marco de las excelentes relaciones que mantenemos. Y puede que tenga razón. Aunque también puede que el hecho puntual termine por no ser la presencia de una fragata en Ceuta, sino la presencia de Elma Saiz en Moncloa. ‘Insallah’.