Cristian Campos-El Español
  • Si un leve repunte de la participación en Andalucía y el buen resultado de Adelante Andalucía ha descabalgado a Juan Manuel Moreno de la absoluta, ¿cómo podrían impactar esos factores en unas elecciones generales?

En las elecciones generales de 2023, el PP perdió en Andalucía el 6,72% de los votos que había obtenido en las elecciones autonómicas de 2022: 36,41% en 2023 frente al 43,13% de un año antes.

En la Comunidad de Madrid perdió un porcentaje prácticamente idéntico, un 6,79%: 40,55% en las generales frente al 47,34% obtenido por Isabel Díaz Ayuso en las autonómicas de sólo unos meses antes.

En la Comunidad Valenciana perdió el 0,47%. En Extremadura el 0,91%. En Murcia el 1,60%. En Baleares el 0,83%. No son porcentajes tan espectaculares como los de Andalucía y Madrid, pero todo suma. O, en este caso, resta.

Alberto Núñez Feijóo perdió la Moncloa por esos votos (y por los votos catalanes y, en menor medida, vascos).

La pregunta es: si con el 43,13% de los votos el PP cayó 6,72 puntos, ¿cuántos podría hipotéticamente caer ahora que Juan Manuel Moreno se ha quedado en el 41,6% de los votos?

Por supuesto, la caída de 2023 no tiene por qué repetirse en 2026 o 2027. El voto «adúltero», el de quienes votan a partidos diferentes en las autonómicas y en las generales, tiene motivos coyunturales que no tienen por qué repetirse en circunstancias diferentes.

Y el hartazgo con el sanchismo está en máximos históricos en España.

Además, el bloque del voto de derechas parece mucho más consolidado hoy de lo que estaba en 2023. La suma de PP, Vox y SALF en Andalucía alcanzó este domingo en Andalucía, por ejemplo, casi el 58% de los votos, un dato que habría sido radicalmente impensable hace sólo diez años en una comunidad tan sociológicamente izquierdista como la andaluza.

Pero yo no me fiaría.

Porque si un leve repunte de la participación en Andalucía y el buen resultado de Adelante Andalucía ha descabalgado a Juan Manuel Moreno de la absoluta, ¿cómo podría impactar en unas generales, en vista además de que las izquierdas regionalistas (Adelante Andalucía es el EH Bildu andaluz) y los partidos cantonalistas están llevándose parte de los votos que se dejan el PSOE, Podemos y Sumar en la gatera, alterando el reparto de los escaños?

Quizá por eso (entre otros motivos, como la campaña de promoción de su recién publicado libro El manual) ha reaparecido Iván Redondo durante las últimas semanas cantando las glorias de la plurinacionalidad y las izquierdas nacionalistas.

Conviene que el PP empiece a situarse en la realidad: es prácticamente imposible que Alberto Núñez Feijóo alcance una mayoría absoluta o cuasi absoluta en las próximas elecciones generales que le permita gobernar sin Vox. Y es prácticamente imposible que el estado de caos en el que han vivido las izquierdas radicales durante los dos últimos años no se resuelva en las generales a favor de partidos cantonalistas o de los «Bildu autonómicos» que aparezcan para llevarse los votos que pierdan Podemos y Sumar.

Y esas dos circunstancias son música en los oídos de un Sánchez al que todavía le quedan balas en la cartuchera. Para empezar, el del voto «adúltero».

Para continuar, el de las nuevas izquierdas cantonalistas, que renegarán de él durante la campaña de las generales… para acabar votándole en una hipotética sesión de investidura.

Y para terminar, el de una reforma constitucional de la forma del Estado, en la dirección de una república federal o como quiera que se dispongan a llamarla, que active el voto de una izquierda hoy adormecida.

A Pedro Sánchez le importa un rábano haber perdido Andalucía, María Jesús Montero y los andaluces. Le importa la Moncloa y se importa él. Y el resultado de ayer, lamentable para el PSOE y Montero, no deja de ser una buena noticia para Sánchez.

En primer lugar, porque obligará a Juan Manuel Moreno, el más socialdemócrata de todos los barones del PP, a negociar con Vox.

Y en segundo lugar, porque eso le permitirá decirle a los españoles: «Mirad, mirad: incluso el más moderado de ellos, el único de los suyos que podría hoy militar en el PSOE, ha acabado negociando con Vox».

Y eso es oro para Sánchez.

Las elecciones en Andalucía, en fin, han sido un mal resultado para el PSOE, pero un gran paso para Sánchez: le han dado la campaña de las próximas elecciones generales hecha.