ANTONIO CASADO-EL CONFIDENCIAL

  • Con la exclusión de Ciudadanos, Sánchez enciende la mecha de la implosión en el PSOE, pierde ocasión de recuperar la centralidad y queda en manos de los enemigos del Estado
Inspirada en Castelao, uno de los padres del nacionalismo gallego, he aquí la doctrina de Arnaldo Otegi, líder de Bildu, uno de los que bailan la conga presupuestaria junto a Sánchez, Iglesias y Rufián: «Para que España pueda ser roja antes tendrá que estar rota». El simbolismo de semejante descarga verbal enciende la mecha de la implosión dentro del PSOE y anticipa una fase aguda en la política de bloques.

La exclusión de Ciudadanos desborda la constatación de unas posiciones políticas diferenciadas. Se abre a un horizonte poco tranquilizador. Transformar en holgada mayoría de legislatura la holgada mayoría de rechazo a las enmiendas de totalidad de los PGE21 confirma el volantazo. Sánchez ha tenido en su mano la recuperación de la centralidad y la moderación. Pero el portazo a Inés Arrimadas marca el rumbo hacia la radicalidad.

Sánchez ha tenido en su mano la recuperación de la centralidad y la moderación. Pero el portazo a Inés Arrimadas marca el rumbo hacia la radicalidad

El componente socialista del Gobierno se recuesta a partir de ahora sobre quienes trabajan por la república plurinacional y ven al PSOE como el partido de la cal viva, del IBEX y del 155. Así que los antecedentes no garantizan una convivencia apacible con unos compañeros de viaje cuya misión en la vida es acabar con el régimen del 78. Bienvenidos a la dirección del Estado «represor» y la justicia «predeterminada».

En frente reapareció un Felipe González sumido en la inquietud y la orfandad representativa. «Para un proyecto compartido de país yo nunca habría pactado con quienes no quieren compartirlo», dice el expresidente e histórico líder socialista. El grito ha calado no solo entre las clases pasivas del partido. También en una parte del Gobierno y conocidos dirigentes regionales con mando en plaza.

Los antecedentes no garantizan una convivencia apacible con unos compañeros de viaje cuya misión en la vida es acabar con el régimen del 78

Unos y otros están incómodos con Iglesias Turrión, que juega a ganar en la televisión y las redes sociales lo que pierde en las encuestas. En el seno del Ejecutivo, un pulso cada día. Algunos ministros socialistas y varios presidentes autonómicos ya no ocultan su disconformidad con los costaleros elegidos para cubrir lo que resta de Legislatura.

Hubieran preferido seguir la vía PNV-Ciudadanos. Pero el brillo del poder ha funcionado como los cantos de sirena en el viaje de Ulises, aunque Sánchez no ha querido atarse al palo mayor para resistirlos. Al revés. Lo han embrujado hasta el punto de no reconocerse en las declaraciones de un dirigente histórico como Felipe González o transferir a Podemos, como si tal cosa, la conciencia social del Gobierno de coalición.

El brillo del poder ha funcionado como los cantos de sirena en el viaje de Ulises, aunque Sánchez no ha querido atarse al palo mayor para resistirlos

Pero eso está en los genes de este partido desde que Pablo Iglesias habló sobre las necesidades de la clase trabajadora en la Comisión de Reformas Sociales (1884, vísperas fundacionales de la UGT y del PSOE) ¿Acaso el PSOE de toda la vida necesita delegar en el socio la defensa del Estado del bienestar o el compromiso de proteger a las capas más débiles de la sociedad?