Maria Maizkurrena-El Correo
- Al parecer nadie quiere vivir en Marruecos. Todo el que puede hace lo que intentaron los miles de jóvenes en Ceuta
Es verano en el hemisferio norte, un verano furioso, con olas de calor, incendios y movimientos de población -lo acabamos de ver- que pueden parecerse a inundaciones, a incendios, a portentos naturales. La línea divisoria entre lo natural y lo social es difusa, dominada por fuerzas que se ensanchan hacia un lado y hacia otro. Como las fronteras establecidas por la Historia, que sirven para organizar el mundo pero que tantas veces se ven sobrepasadas. Al parecer, nadie quiere vivir en algunas partes de África y Asia. Al parecer nadie quiere vivir en Marruecos, pues todo el que puede hace lo que han intentado hacer estos miles de jóvenes con su huida ciega cocinada en las redes sociales. ¿Por quién? Quien la haya cocinado es responsable de los muertos que se han podido contar y de los que no se contarán nunca.
A medida que pasa el tiempo la información sobre la marea humana de Ceuta y Melilla aumenta exponencialmente. Lo difícil es interpretar los hechos y los datos. Se ha desatado la energía migratoria, semejante a la energía telúrica que se acumula en las fallas antes del terremoto, y cuyo origen está en la energía vital insatisfecha. ¿Quién sabía antes lo que todos sabemos ahora? ¿Qué se hizo con la información? El Gobierno de España, nos decía ayer este periódico, ha ignorado hasta 20 informes de diversos organismos que predecían lo que ha sucedido. ¿Qué ha sucedido? Una de tantas explicaciones aventura que Marruecos no diseñó pero permitió e incluso alentó la avalancha, para luego recoger velas ante una crisis que se les había ido de las manos. Pero el caso es que hasta la izquierda a la izquierda del PSOE habla de «ataque híbrido» (Maíllo ‘dixit’) y el fenómeno tiene infinitas facetas y conexiones.
El primer ministro de Marruecos, Aziz Akhannouch, se fue a Palma de Mallorca mientras miles de familias vivían en un sin vivir por los hijos tragados por el mar o por la frontera (como sabemos, no todos han regresado). Akhannouch sí ha vuelto de sus apenas iniciadas vacaciones, dicen que obligado por Mohamed VI. Y es que la indignación corrió a la velocidad de la noticia. El rey Felipe VI no puede hacer regresar a Pedro Sánchez de La Mareta, porque es un rey constitucional, no tiene poder para ello, reina y no gobierna y no le debe Sánchez a él su fortuna personal como Aziz Akhannouch sí se la debe al rey de Marruecos, que le ha permitido enriquecerse fabulosamente con (entre otros negocios) la red de estaciones de servicio más importante del país. Este verano furioso no da tregua: al revés, nos pone delante de los ojos los problemas que nunca se toman vacaciones, las intrigas contrapuestas, la mezquindad de los poderosos y la irremediable interconexión de un mundo dividido.