Una derrota es una derrota

ABC 16/12/12
JUAN CARLOS GIRAUTA

«La crudelísima verdad es que la hora política de Artur Mas ya pasó, y que mantenerlo ahí dando la cara, por mucha que tenga, es falta de
piedad y es tontería política supina» «La heroica clase empresarial catalana quería una alianza con los socialistas, pero eso lo tenían que haber pensado antes de responder a la huida al monte de Artur Mas con aquel silencio ensordecedor de los cobardes congénitos»

Mañana lunes se constituye solemnemente el Parlamento catalán. Habrá gran alharaca a cuenta de una «mayoría soberanista» que ya existía, fervorines, cansinas apelaciones a la historia, anfetamina verbal para unos convergentes destrozados, estímulos vanos, los previsibles dardos para Wert y enormes palabras de poliuretano sobre consultas, derecho a decidir, Estado propio, y todo el resto de nombres de la secesión y de la anti España. Es posible que acaben todos tan hinchados como la rana de Esopo, que quiso ser buey. Cosas del derecho a decidir. Pero ya saben cómo acaba la fábula.

La crudelísima verdad es que la hora política de Artur Mas ya pasó, y que mantenerlo ahí dando la cara, por mucha que tenga, es falta de piedad y es tontería política supina. Caída desde los sesenta y dos hasta los cincuenta escaños, CiU será en breve lo que quiera don Oriol Junqueras, líder recién llegado a ERC, donde ya ha hecho sus pinitos liquidando a los históricos con ambiciones que podían hacerle sombra. Tendrá en su propia casa gente esperándole con un hacha detrás de la puerta.

ERC es un partido asambleario detestado por los convergentes que ahora comen de su mano, y profundamente temido por los de Unió. La heroica clase empresarial catalana quería una alianza con los socialistas, pero eso lo tenían que haber pensado antes de responder a la hui da al monte de Artur Mas con aquel silencio ensordecedor de los cobardes congénitos. Que traguen. Por lo pronto, ERC le impone a CiU, para empezar el baile de la que será la legislatura más corta de la democracia (al tiempo si no) una serie de impuestos sobre la banca y las empresas e nergé t i c a s . Ti e nen t a nt a s posibilidades de ser legales como los negocios de los sometidos. Percibimos una bellísima unidad poét i c a e nt r e e l hori zonte penal y e l todo o nada separatista. Es importante comprender las determinaciones estructurales de CiU y sus condiciones ecológicas de supervivencia. Pudieron resistir el apartamiento del poder durante los dos tripartitos, para sorpresa de cuantos tenían a la federación de Mas y Duran por organismo incapaz de respirar fuera de la Administración. Fue duro, pero lo lograron. Durante años, el único de sus cargos públicos con algún poder institucional fue Lluís Recoder, alcalde entonces de Sant Cugat, un municipio de ochenta mil almas. De aquella última pica en Flandes viene su actual predicamento: sólo el nombre de Recoder suena cuando se plantea la sucesión de Mas.

Hibernar siete años imprime carácter, y de aquellas privaciones impuestas por una Esquerra que prefería al PSC viene la inextinguible inquina de los destetados contra el viejo partido republicano. Los ofendidos se la tienen que envainar porque est á n e n s us manos, pero siguen reconociendo en privado la inviabilidad de una a l i a nza e st a bl e , la nula fiabilidad de los independentistas explícitos y la convicción de que su destino superará el castaño o s c ur o : Ci U pagará en Cataluña t o do e l c o st e de la a ust e r i dad, y e n e l resto de España toda la factura de la deslealtad institucional; ERC capitalizará en Cat a l uña s u c o ndi – c i ó n de a r i e t e de l a independencia, y en el resto de España… que di ga n lo que quieran.

Nadie se va a desconcertar, indignar o desternillar más de lo que ya se ha desconcertado, indignado y desternillado con los pintorescos Tardà y Bosch. ERC no necesita contemporizar porque no va a gobernar nada; va a ser el mando a distancia de Mas, a la vez que su principal oposición. Los excesos serán diarios, y de todos habrá de rendir cuentas Artur el Breve, el estadista, el estratega, De Gaulle y Sun Tzu en uno.