Del Blog de Santiago González

Hay hombres (y mujeres, naturalmente) cuya vida no se resume en una sola y que, en consecuencia, necesitan más de un libro para apurar su relato, eso que de manera convencional recibe el nombre de memorias en las bibliografías. ‘¡Vamos? Una temporada en política’ son, como permite deducir su título, unas memorias políticas.

Antes ya había intentado el género, mediante la publicación en 2009 de ‘Filología catalana. Memorias de un disidente’, que era, en opinión del columnista José García Domínguez, “uno de los mejores libros de memorias que se escribirán en el siglo’. Eran también unas memorias políticas en las que se contenía una definición de carácter: “Bien mirado, me habré pasado media vida yendo a la contra. Como un adolescente. Primero, el franquismo. Luego, el nacionalismo.”

El comienzo de ‘¡Vamos?’ ya anticipa aun para el lector más desconectado, el contenido, el relato de la vuelta a la vida después de una experiencia en política saldada con un fracaso. No había experiencia paralela que cuadrase mejor que la confesión de Vargas Llosa en sus memorias ‘El pez en el agua’, tras su intentona de ganar las elecciones presidenciales en Perú, en las que fue derrotado por el predelincuente Alberto Fujimori:

“Y tal vez, ser tan poco popular me facilitará poder dedicar en adelante todo mi tiempo y mi energía a escribir, algo par a lo que -toco madera-confío ser menos inepto que para la indeseable (pero imprescindible) política”.

El título es en origen un eslogan que durante los últimos años reproducían los militantes y dirigentes de Ciudadanos en las redes sociales, una consigna para transmitir e inocularse ánimos, pero adobada con la licencia que en los tiempos modernos se toman con los signos de puntuación: empieza con signo de admiración para concluir con una interrogación, que es lo que mejor expresa la perplejidad del autor ante los hechos.

El autor es uno de esos tipos que cuando se cruzan en tu vida es para mejorarla. El hace que la conversación sea más inteligente, culta y amable. Por eso, cuando me enteré de que él, uno de los 15 intelectuales que suscribieron en 2005 el manifiesto inspirador de ciudadanos, había sido el único, junto a Teresa Giménez Barbat, en dar el paso al compromiso militante, no me sorprendió y me pareció que el gesto se correspondía exactamente con su carácter.

Escritor, filólogo, editor, periodista y profesor universitario, ha tenido siempre como preocupaciones esenciales la lengua y la educación. “Querido papá, ya ves, en castellano”, era el comienzo de una carta, que era una declaración de principios a su padre y escribió junto a Ferran Toutain dos libros esenciales: ‘Verinosa llengua’ y ‘El malentès del noucentisme’. Sobre educación es obligatorio citar: ‘Progresa adecuadamente: educación y lengua en la Cataluña del siglo XXI’ y como traductor y editor le debemos el acercamiento a la obra de Pla: ‘Josep Pla y el viejo periodismo’ y la edición del libro de Pea ‘La Segunda Republica española Y a la de Manuel Chaves Nogales: ‘Chaves Nogales conservador de la República’. Como editor es obligatorio subrayar ‘Cuatro historias de la República’, narradas por Pla; Camba, Gaziel y Chaves Nogales, con prólogos de Arcadi Espada, Trapiello, Xavier Pla y el propio Pericay.

Digo todo esto para justificar una pequeña satisfacción personal junto a la desazón que me ha producido el desenlace de su aventura ciudadana. Así, como decía Vargas Llosa, tendrá tiempo para escribir y editar para ayudarnos a progresar, aunque no sea adecuadamente. Las 192 páginas de ‘¡Vamos?’ constituyen un excelente breviario de historia contemporánea, la del partido Ciudadanos, que nació para regenerar la política española y se debate ahora en un momento grave de su existencia, después de haberse asomado al triunfo.

Es un relato veraz y honesto, que no descarta la anécdota aunque se aferra más a la categoría, que hace retratos rigurosos del adanismo implacable de la cúpula del partido, los ‘hervívoros’, los llama en homenaje a Fran Hervías, secretario de Organización e inspirador de la operación que acabó apeándolo de la cabeza de lista a las autonómicas de Mallorca. No salen bien parados Albert Rivera y sus fieles: el ya citado Hervías, José Manuel Villegas y Fernando Páramo, pero este libro no es en modo alguno un ajuste de cuentas; el retrato crítico de Rivera no hace que oculte sus virtudes políticas; no está escrito desde el rencor, sino desde la lucidez y la tristeza y sobre todo, ya digo, desde una radical honestidad.

Cuando un partido descuida a dirigentes de la cantera como Xavier Pericay, Fernando Navarro, Francisco Igea para sustituirlos por fichajes en las filas de otros partidos, incurriendo incluso en prácticas de pucherazo como el que se perpetró para dar las primarias a la exdirigente popular Silvia Clemente en detrimento de Igea se ha cruzado una raya infranqueable. Creer que la hierba del jardín del vecino es siempre más verde que la del nuestro supone un error organizativo que la dirección del partido naranja sumó a los errores teóricos y estratégicos, que también los hubo y Pericay los cuenta.