TONIA ETXARRI-EL CORREO

Esta va a ser una semana de alto voltaje parlamentario en la que, además de someter a examen los presupuestos del Gobierno de la Moncloa en las comisiones, se va a producir el segundo ‘cara a cara’ entre Pedro Sánchez y Núñez Feijóo. Mañana, en el Senado. Un duelo en el que el presidente del Gobierno se encuentra tan cómodo porque juega con clara ventaja en el tiempo de oratoria. Un duelo que tanto molesta a las minorías nacionalistas porque se sienten desplazadas del foco en esta merienda para dos. Se trata, en efecto, de un pulso en condiciones notoriamente desiguales entre el presidente del Gobierno y el del PP. Sánchez versus Feijóo. En su primer ‘cara a cara’ el pasado mes de setiembre, el líder de la oposición intervino 20 minutos frente a las dos horas y cuarto del presidente del Gobierno. Son las normas de la descompensación que, por lo general, ningún presidente se ha mostrado dispuesto a reformar. En esta ocasión, el PP ha pedido expresamente a la mesa del Senado que amplíe los tiempos de intervención de todos los grupos parlamentarios del hemiciclo. Un brindis al sol. El PSOE se muestra convencido que, del primer enfrentamiento dialéctico con el líder popular en la Cámara Alta, salió victorioso Pedro Sánchez y no piensa conceder a su adversario ni un minuto más de lucimiento parlamentario.

Así es que Feijóo, salvo cambios de última hora, contará, en ese combate desigual, con quince minutos de exposición y cinco de réplica para criticar la política fiscal del Gobierno e incidir en su alternativa de rebaja de impuestos. Unas medidas con las que bastantes barones socialistas están de acuerdo, por mero interés electoral. Más allá de que les parezca un lastre la presencia de Pedro Sánchez en los actos de campaña locales de la próxima primavera, lo que en realidad les incomoda a los presidentes autonómicos socialistas es ese giro a la izquierda radical y populista con el que no se atreven a presentarse ante su electorado. Es cuestión de rentabilidad de votos. No les conviene el discurso de ‘Robin Hood’ en el que se han instalado los ministros sanchistas y la vicepresidenta comunista Yolanda Díaz. Les resulta difícil explicar la conveniencia de una mayor presión fiscal en plena crisis económica y energética. Máxime en tiempo electoral.

Vamos a estar entretenidos en los próximos meses. Feijóo intentando ganar el pulso con Sánchez sobre la renovación del Poder Judicial, siguiendo al pie de la letra las recomendaciones de Bruselas. El desbloqueo del Consejo General del Poder Judicial repercutirá en los cambios en el Tribunal Constitucional, justo donde tiene ERC puesto su foco para poder incumplir algunas sentencias judiciales con total impunidad.

Y criticando los presupuestos expansivos tan cuestionados por los organismos que estudian la previsión de crecimiento. No sólo el Banco de España. La AIReF, el FMI o el BBVA. Pero oirá todas las veces que Sánchez quiera en su tiempo ilimitado, que el PP es amigo de los ricos y que su proyecto consiste en demoler el Estado del Bienestar. Y que a Garamendi hay que desgastarlo porque se ha alineado con Feijóo. Todo en este plan.

Si Pedro Sánchez se sintiera fuerte no tendría que abusar del tiempo ilimitado en el Senado. Pero no es el caso. Necesita hacerse visible. En los telediarios. En la teleserie. En toda la prensa que no le cuestione. En las dos cámaras del Parlamento. Hoy se publica el CIS. Tezanos va diciendo que el ‘efecto Feijóo’ fue flor de un día y que ya se ha evaporado. En sus encuestas, claro.