Víctimas y democracia

EL CORREO 23/11/13
JOSEBA ARREGI

· Lo que les debemos a las víctimas es la defensa de la política, del espacio público y de la democracia, pues para hacerlo imposible han matado a sus familiares

Una de las peores cosas que les ha podido suceder a las víctimas es que el problema que les afecta, el de la memoria digna y justa de sus familiares asesinados por ETA, esté siendo recubierta por palabras y más palabras, por circunloquios y discursos múltiples que crean una hojarasca bajo la que es difícil percibir la realidad de la víctima.
Dentro de estas cosas peores que les pueden ocurrir a las víctimas es la de que, al final, lo que se deba hacer con ellas, lo que se deba a la memoria digna y justa de sus familiares asesinados por ETA, no tenga nada que ver con la democracia, sino con cien mil otras cosas, con el perdón, la reconciliación, la convivencia, los derechos humanos abstractos, el futuro, la reinserción y más cuestiones.
Pero si con algo tiene que ver la memoria digna y justa de las personas asesinadas por ETA es con la democracia. Y con la política en su sentido profundo. Política en su sentido serio es el esfuerzo por constituir la comunidad política. La comunidad política sólo la pueden constituir los ciudadanos. Los creyentes constituyen comunidades religiosas, los hablantes comunidades lingüísticas, los pertenecientes a una etnia o a una cultura comunidades etnoculturales. Sólo los ciudadanos pueden constituir una comunidad política, sólo los ciudadanos pueden constituir una nación política distinta a la nación etnocultural.
El ciudadano se define por sus derechos, por sus libertades fundamentales y por sus obligaciones. El marco de definición del ciudadano es el marco del derecho, el marco de las leyes, el marco del espacio constitucional, el marco de las reglas capaces de crear una unidad para la convivencia de los diferentes en libertad. Ese marco de definición del ciudadano es lo que se denomina espacio público, que a su vez se define desde la aconfesionalidad. En el espacio público sólo tienen vigencia para todos lo que puede ser predicado de todos: los mismos derechos, la igualdad ante las mismas leyes, la libertad de conciencia, la libertad de opinión, la libertad de asociación. Este espacio público se constituye dejando a un lado lo que caracteriza privadamente a cada persona: sus creencias religiosas o no-religiosas, su identidad lingüística o etnocultural, su sentimiento de pertenencia. Eso es lo que significa la a-confesionalidad del Estado que no implica ninguna afirmación positiva, ni siquiera el de la laicidad.
La política, la democracia se constituyen, pues, en el binomio espacio público-espacio privado. En el espacio público, el espacio de la política, el espacio de la democracia, sólo valen los derechos fundamentales que son universales, las leyes que se derivan de ellos y no entran en contradicción con ellos y que son iguales para todos, porque no atienden a creencias, convicciones, identidades o sentimientos personales y privados, las reglas que regulan la convivencia de los diferentes en libertad. Y el espacio público de la política, de la democracia, se constituye desde la obligación de los ciudadanos a limitar las pretensiones de imponer sus características privadas –creencias, convicciones, identidades, intereses, sentimientos– en el espacio público, pues el suyo es el de la privacidad.
ETA ha asesinado a más de ochocientas personas, en Euskadi y en el resto de España, porque no acepta ningún espacio público, porque, al querer imponer las características privadas que cree son las propias del vasco en el espacio público, transforma éste necesariamente en espacio privado. Por eso no acepta ningún espacio constitucional, por eso no acepta, ni entiende, la política, porque el espacio público, el espacio constitucional, la política parten de entender al individuo como ciudadano, no como identitario, no como creyente, no como sujeto de sentimientos y emociones, no como portador de una lengua o una cultura determinadas, sino como sujeto de derechos inalienables, comunes y universales, positivizadas en leyes ante las que todos, sin atención de credo, convicción, sentimiento, identidad o lengua, son iguales. Por eso no acepta el Estatuto de Gernika como marco de convivencia en libertad. ETA asesina porque quiere llenar el espacio público con su idea y su sentimiento de lo que es el verdadero vasco, el nacionalista radical y socialista revolucionario. ETA asesina porque pretende eliminar a todos los que no caben en su espacio privado, impidiendo así que surja el espacio público, la política. Por eso ETA, y todos sus acompañantes necesarios, tiene que hablar de democracia verdadera, que es la suya, la privada, la particular, pero no la de todos, que es la democracia sin más.
Pero es el conjunto del nacionalismo el que tiene dificultades con la idea de espacio público, de política, de espacio constitucional, de democracia. Lo suyo es la casa, la del padre, el solar, el espacio privado en el que siempre hay restricción del derecho de admisión, el ámbito de los sentimientos, pero no el espacio público en el que las cualidades privadas son irrelevantes para los derechos, libertades y obligaciones. Por eso tiene dificultades con el Estatuto de Gernika y con la Constitución sin la que el Estatuto no se entiende. Y no por que no se haya cumplido el Estatuto, pues lo que plantea no es su cumplimiento, sino alternativas a este Estatuto, su superación, su conversión en el espacio privado del nacionalismo, del sentimiento nacionalista, la negación de la política y del espacio público.
Lo que les debemos a las víctimas es la defensa de la política, del espacio público y de la democracia, pues para negarlo y hacerlo imposible han matado a sus familiares. Y es esta idea la que debe ser transmitida en las escuelas, y sólo para ello deben estar presentes las víctimas en las aulas. Para nada más. Pues si de reinsertar a los presos se trata, ¿en qué se deben reinsertar si no es en aquello que han roto, el vínculo de la unión y la política que crea el espacio público de la democracia y el Estado de derecho?