Eduardo Uriarte-Editores
Abróchense los cinturones, aterrizamos en el populismo latinoamericano.
Nada más coger el taxi, que, por cierto, me timaron descaradamente, observé unas vallas publicitarias en calles y carreteras que junto a una cara dibujada aparecía el verso “ni todo el mar podrá apagar tu fuego”. A mi pregunta sobre a qué venía aquello me respondieron que era una publicidad de la señora Cristina Fernández de Kirchner en homenaje a su difunto marido en cuya presidencia del Gobierno le había sucedido. Era el amor de esposa lo que le impelía a seguir los pasos de su esposo al frente del peronismo y del pueblo trabajador. Un gesto maravilloso, dulce, ejemplar en una Argentina de mucha pobreza entre la gente sencilla, doliente, y especialmente entre los trabajadores. A la ejemplar viuda un fiscal le estaba instruyendo un procesamiento. Sus quejas públicas por la persecución judicial, el lawfare, surgían en cada una de sus muy frecuentes declaraciones. El fiscal fue asesinado misteriosamente. Espero que se acuerden.
El lawfare, vino a quedarse aquí a todo bombo en el documento negociado con el prófugo Puigdemont, con el fin de darle la Presidencia a Sánchez, justificando en la persecución judicial la amnistía. Mil veces había sido considerada inconstitucional previamente por el Gobierno sanchista, pero la gente no sabía que ellos, los del Gobierno, ya formaban parte sustancial de la Conferencia de Puebla.
El lawfare vino para quedarse, o ya estaba, aunque fuera de un descaro de autócrata peronista o bolivariano -ustedes elijan- aplicarlo al caso Ábalos, pero sí que se aplicó a la primera dama por su procesamiento, o al hermano, o al fiscal general, o a Cerdán -que aunque no sea de Tudela parece que lo han dejado sólo- y a Leire, y a ZP, y…. Persecución judicial, sufrimiento y victimismo, especialmente por el caso de la primera dama, por la que hizo cinco días de huelga -no se preocupen, estamos acostumbrados, Amadeo la hizo indefinida- maquinando cosas inconfesables, huelga a la japonesa. ¡Que nos persiguen los jueces! Razón, parece que alguna razón hay, aunque lo niegue Bolaños.
Faltaba el amor, expresado en público, con música de fondo, cual una escena de comedia rosa –“ni todo el mar podrá apagar tu fuego”-ante una clientela de militantes alborozados al borde de las lágrimas -no me imagino ni a Rubial ni a Felipe montando tal numerito-. La escena amorosa como la última bala publicitaria en una campaña electoral ante unas elecciones que tiene perdidas salvo que lleguen todos los nietos del exilio, y del no exilio, cual Séptimo del Pucherazo en una película de John Ford, a salvarle de la derrota aún por encima de la medida cautelar del Supremo que ni siquiera el Constitucional ha osado echar atrás.
Y hablando de balas, también está la amenaza de muerte, o la misma muerte, de la persona que nos molesta. Como ejemplo, como aviso, como escarmiento. Como pasó en Argentina con el fiscal de la señora que amaba al que tanto fuego tenía. En macabra parodia, aquí nos enteramos de la eliminación o acechanza de muerte a la juez Biedma por osar procesar a su hermano. Un aviso: en política primero se fantasea, se maquina, se juega, con aniquilar al desafecto. Finalmente se salta toda barrera y se ejecuta. Así se inicia todo enfrentamiento civil, lo conozco bien, y desde los dos lados.
La democracia surgida en la Transición vino a sacarnos de todo eso, no sigan a los que se empeñan devolvernos al enfrentamiento en la versión populista bolivariana. Esto no es progresismo, es otra mentira, en realidad es fascismo, del que acusan a los demás.