CARLOS HERRERA-ABC

  • Si mayo supone un descalabro, el tramo final de su mandato será el anuncio de una debacle

Considérenlo una posibilidad. Posible es, quizá no tanto probable, pero en ambientes propios del socialismo perplejo, que es todo aquel que no ha sido sodomizado por el sanchismo, comienza a especularse con la posibilidad de que Sánchez, llegado el momento, renuncie a ser el cabeza de cartel del PSOE en las elecciones generales de diciembre. Usted se preguntará por la razón que llevaría al Gran Narciso a apartarse del momento que espera todo candidato a algo: en ambientes, como digo, socialistas no excesivamente fascinados por la deriva actual, creen que un espécimen como PS admitiría de mala manera una derrota, no tanto por la humillación que ello podría suponer –todo candidato a algo contempla siempre poder ser inexplicablemente derrotado–, sino por el contratiempo que pudiera suponer de cara a sus expectativas internacionales, que son las que ahora centran al parecer sus principales sueños húmedos.

Sánchez aspiraba a convocar elecciones en los primeros días de enero, ya fuera de su presidencia europea de turno. Los letrados de la cosa le han dejado claro que ello no es posible y que los comicios deberán ser convocados en diciembre, tal vez en la primera quincena. Eso se corresponde con los últimos días de su postureo internacional, quiera o no. Y piensa que no es buena forma cerrar un semestre de esas características con una posible derrota. Si Ostras Pedrín ve la cosa muy negra, considerará, dicen los viejos de Ferraz, que mejor para sus planes es no comparecer. Es poco virtuoso pretender alguna de sus aspiraciones internacionales –OTAN, Comisión, Consejo Europeo, ONU y así– habiendo sido derrotado en su país, sobre todo, al final de una presidencia europea. Todo dependería de la deriva de los últimos meses y, especialmente, de los resultados de las ‘primarias’ de mayo.

Si en las municipales y autonómicas Sánchez y el PSOE salvan la cara, que es un escenario posible pero de dudosa apuesta, se sentiría envalentonado a encarar el final de legislatura amparado por su álbum de fotos y un buen comportamiento de la economía en verano, tiempo siempre propicio para el crecimiento. Si mayo supone, por el contrario, un descalabro como el que algunas encuestas apuntan, el tramo final de su mandato será un anuncio precipitado de debacle, escenario en el que suelen cometerse aún más errores de los que jalonan su singladura. De perdidos al río. Antes que la humillación, la retirada estratégica con argumentos que empezarán a buscar en su momento, pero que serán siempre los de un perdedor. Claro que, ¿quién es el guapo o la guapa que se hace cargo del regalito?: en principio nadie que haya perdido en mayo –por los barones lo digo– o algún delfín de su Gobierno –en el partido no tiene– que se atreva a hacerse cargo de la herencia del pavo. Eso es ir directo al matadero. Si hoy manejan unas encuestas que reflejan el daño electoral que le han causado los últimos desatinos, qué pasará cuando el hartazgo sea algo más que un comentario social. Manejen esa posibilidad.