Teodoro León Gross-ABC
- El medio millón de pavos del cargo en la OIT sería una compensación razonable por los servicios prestados
Yolanda Díaz es una jurista, como ella suele presumir, que ha hecho todo lo posible por no practicar el derecho. También es una sindicalista que prefiere dejarle la lucha obrera a otros. Se le ha visto, por el contrario, muy acomodada a las altas magistraturas del Estado. Si se ganó el mote brillante de ‘la Fashionaria’ es porque ha vestido el cargo. No siempre es fácil sobrellevar las contradicciones en política, pero a veces es imposible. Un peinado Isabel Tocino no está hecho para las barricadas, entre Unai y Pepe, como Albares con el uniforme de gala parece el portero de librea de un viejo hotel pretencioso de provincias. Yolanda Díaz ahora está en el trance de aspirar a estrella planetaria del Trabajo, promocionada por Sánchez al trono de la OIT. El sueldo, más el plus por vivir en Suiza y los 12.000 mensuales de vivienda, te ponen entre 300.000 por lo bajo y cerca del medio millón según Gemini. Pero se lo ha ganado, y bien ganado. Un Sánchez agradecido se compromete públicamente a pelear su candidatura. Lógico. Nadie tuvo nunca un socio de Gobierno más sumiso.
Es un puesto que ni pintado para Yolanda Díaz. Como su viaje de valvulina a Los Ángeles para los Oscar pero todos los días y fiestas de guardar. Va a disfrutar como nadie de los viajes siempre en ‘business’, alojada en hoteles de cinco estrellas gran lujo, prolongando las reuniones internacionales durante los fines de semana, con la tranquilidad de tener seguros ‘premium’ para todos y por supuesto centros escolares privados para la hija sin mezclarse con la chusma. La oferta en Ginebra es magnífica. Más que Sissi durante sus últimos días, en los paseos por el lago Lemán siempre tendrá la tranquilidad de los escoltas por si alguien la interpela sobre la precariedad laboral. También podrá desgravarse tela con algún plan de ingeniería fiscal de la banca suiza, para no tener los tijeretazos en las nóminas que ella ha promovido entre sus compatriotas, estigmatizando a cualquiera con un sueldecito algo desahogado de clase media como rico egoísta.
Díaz se ha ganado a pulso que Sánchez se vuelque por colocarla ahí. Ella ha descapitalizado Sumar, que hace tres años peleaba por ser tercera fuerza, para ceder todo ese voto a Sánchez. ¡Qué menos que una canonjía así en justa correspondencia! Según la última encuesta, Sumar se sitúa ya por debajo del 4 por ciento, con apenas cinco escaños. Si Sánchez resiste es por la transferencia de casi todo el voto de la izquierda radical, cortesía de Yolanda. Así que el medio millón de pavos del cargo sería una compensación razonable por los servicios prestados. Ella ha sido cómplice fiel de la corrupción y de todo el aventurerismo sanchista, simulando alzar la voz pero siempre para no decir nada y nunca molestar. Nadie puede cuestionar que Sánchez empuje para elevarla a «princesa del pueblo», ella sí, entre Gstaad y St. Moritz.