Rebeca Argudo-ABC

  • Doña Francisca es para España entera la Paqui, a su pesar, y ya siempre lo será

Cuando a algo se le pone mote o diminutivo, aquí y en la China, ya lo hemos hecho un poco más nuestro de lo que era antes. Los niños llaman ‘mami’ a la madre y ‘seño’ a la profesora del parvulario. Llamamos Santi a nuestros Santiagos cercanos, ‘gordi’ a nuestras hermanas (solo si son flacas), ‘tete’ a nuestros primos. Hay ‘caris’, ‘nenes’ y ‘peques’. Y ahí están los Pataspelás y los Amadeos, el Lute, el Dioni y el Vaquilla. Las reinas llaman ‘compi yogui’ a sus colegas de afición y, las primeras damas norteamericanas, Bibi a primeros ministros con orden de arresto internacional. Un mote o un diminutivo denota cierta proximidad, ya sea física o emocional, aunque en ocasiones pueda, incluso, contener un chin de menosprecio o denigración. Así, el Pequeño Nicolás será siempre el Pequeño Nicolás, el Bigotes siempre será el Bigotes y la Paqui, se ponga como se ponga, ya es para siempre la Paqui. Da igual cómo de estupenda se presente a la tercera a (no) declarar, con dos abogados en lugar de uno, y que solo hable para exigir abandonar la sala por imperativo sanitario o que se refieran a ella como doña Francisca. Que la Paqui le parece despectivo y clasista, pero así es como aparece en los informes de la UCO. Y si se cita, se cita literal. Doña Francisca es para España entera la Paqui, a su pesar, y ya siempre lo será. Sabemos de su soltura para manejar la tarjeta de crédito y que las dependientas la reconocían en los grandes almacenes como reconoce la chavalada a las ‘influencers’ en los garitos de moda. La Paqui era (parece) toda una institución en el arte de la adquisición de ‘prêt-à-porter’ y buen yantar sin menoscabo para el bolsillo propio, aficionada al trueque de bienes y servicios por moneda de curso legal a cargo de Servinabar. Y que una doña Francisca no haría ‘scroll’ infinito con displicencia mientras le preguntan en comisión de Senado por los asuntillos familiares de interés para el conjunto de la ciudadanía. Una Paqui, sí. Con la media melena perfectamente planchada, haciéndole de cortinilla, mientras mira ‘reels’ de Instagram de decoración, me barrunto. O dándole al ‘Candy Crush’, como aquella Celia Villalobos más interesada por los caramelillos virtuales que por el debate sobre el estado de la nación que presidía. A la Paqui, del tedio, solo la sacó el escuchar un ‘la Paqui’. Y entonces, a lo Belén Esteban (la Belén), se revolvió en su asiento y le espetó a la sala que ella es Francisca Muñoz Cano, que la Paqui «es en plan despectivo y clasista, ¿vale? Que quede claro». Y claro eso ya estaba. No hacía falta levantar el dedito índice, sacar el nervio, ni intervenir sin pedir palabra, como si en lugar de una comisión de investigación fuese eso un mercado. Que es que quiere una ser muy doña Francisca pero enseguida le sale la Paqui que lleva dentro.