Agustín Valladolid-Vozpópuli

  • Mi amigo Hiroto ha vuelto. Y no es que venga dispuesto a escuchar. Aún peor: a comprender. Y a ver cómo le explico yo estos años de legislatura

El japonés ha vuelto. Es un buen chico, pero muy intenso. Es como esos insufribles niños que no paran de preguntar. ¿Y por qué? ¿Y por qué? ¿Y por qué? Así, en bucle. La última vez que estuvo por aquí fue en las vacaciones de verano del 23, y me tocó explicarle lo aparentemente inexplicable. Aquello tan original de que, habiendo alcanzado los partidos que apoyan la Constitución en las elecciones de julio el 90 por ciento de los votos, la decisión de que en España se pudiera formar gobierno antes de fin de año estaba en manos de los partidos anticonstitucionalistas, entre ellos el liderado por un prófugo de la Justicia.

Ante su insistencia por conocer más detalles, le expuse mi tesis de que aquellos que el 23 de julio actuaron como inesperado clavo ardiendo de Pedro Sánchez fueron los votantes de centro-izquierda más críticos con su gestión; los más contrarios al rol que el líder socialista había concedido hasta ese momento al nacionalismo; los que, antes de la campaña, habían decidido quedarse en casa y a los que la torpeza del PP empujó a movilizarse a última hora para “frenar a la ultraderecha”. Un colectivo en el que pesó más el temor a una potencial influencia de Vox en un gobierno del PP que la perspectiva de un Frankenstein 2.

Hablamos de más asuntos en aquel primer encuentro, que aquí se puede repasar, y al despedirnos me comprometí a repetir la experiencia cuando volviera por España, compromiso del que ahora me arrepiento pero que no tengo modo de esquivar. El pobre regresó a la Universidad de Estudios Extranjeros de Tokio sin entender nada. Institución donde, por cierto, se imparte español desde el siglo XIX. Temía su vuelta, porque si explicar lo del 23 ya era complicado, esto de ahora es lo más parecido a escalar el Everest.

Calamidades sin responsable político conocido

Pero aquí está, no ya dispuesto a escuchar, sino peor aún: a comprender. Con esa actitud de curiosidad penetrante y minuciosa que los japoneses visten de ingenuidad. Y a ver cómo le explico yo todo lo que hemos vivido en estos casi tres años. Le estoy viendo sentado frente a mí, mirándome si apenas parpadear, sometiéndome a un interrogatorio infinitamente más implacable que el del fiscal anticorrupción a Koldo García.

He preparado unos apuntes, y cuanto más los releo mayor es el pavor que produce en mi ánimo la idea del inevitable encuentro. Estoy casi seguro de que los primeros asuntos sobre los que me va a pedir aclaración son aquellos de mayor impacto internacional, y sobre los que en su momento ya se interesó a través de varios mensajes en sucesivos y vanos intentos de que le explicara cómo había sido posible que, en un país desarrollado, una lluvia torrencial se cobrara la vida de más de 200 personas, un apagón nos dejara durante horas sin luz, provocando pérdidas que, según la fuente consultada, oscilan entre los 800 y los 1.600 millones de euros (además de un fallecido), y un accidente en la red ferroviaria de alta velocidad provocara 46 muertes.

No sé si seré capaz de mirarle a los ojos cuando le diga que, hasta la fecha, por estas tres calamidades solo ha dimitido, tarde y mal, un solo responsable político. Como tan poco sé cómo explicarle, sin sufrir un repentino aumento del ritmo cardíaco, que los dos hombres de la máxima confianza política del presidente del Gobierno han pasado en este tiempo por la cárcel, lugar donde uno de ellos sigue mientras es juzgado mientras el otro permanece en libertad condicional a la espera de la posterior decisión de los tribunales.

Y no sólo eso (aquí ya se dispara el riesgo coronario): ¿Cómo le explico a mi amigo Hiroto que los que también están próximos a sentarse en el banquillo, por distintas formas de presunta corrupción, son la mujer y el hermano del presidente? ¿O que un juzgado de la Audiencia Nacional ha abierto una investigación por posible financiación ilegal del Partido Socialista? ¿Cómo le digo que ninguno de estos episodios ha merecido una respuesta proporcional a su gravedad por parte del presidente del Gobierno? (No digo ya la dimisión, o la convocatoria de elecciones anticipadas, sino, al menos, una moción de confianza).

Más recursos, y a la vez más pobres

Mi esperanza es que, superado este primer trance, la segunda parte de la puesta al día sea mucho más llevadera. Aún así, no va ser fácil convencerle de que la falta de presupuestos durante tres ejercicios seguidos no es motivo de debate en la barra de los bares. Tampoco de que no haya apenas reacción crítica al hecho trascendente de que de los cerca de 80.000 millones de euros no reembolsables asignados a España por la Unión Europea solo se hayan utilizado 44.000 millones cuando solo quedan cuatro meses para que expire el plazo de ejecución de los mismos.

Espero que no me pregunte por la interminable lista de casos de nepotismo verificados en estos años; ni por el descaro con el que se viene procediendo a intervenir empresas públicas e instituciones esenciales, como la Fiscalía General del Estado. Menos probable es que deje pasar asuntos de mayor impacto en el día a día de los ciudadanos, como la escasez y el encarecimiento de la vivienda, que si hace años era un problemón ahora se ha convertido en una emergencia social sin que por ello se vislumbre ninguna iniciativa que esté a la altura de la envergadura del problema.

Tampoco creo que deje pasar la ocasión para pedir que le aclare la aparente discordancia entre el notable incremento del gasto público, que en 2025 superó el 45 por ciento del PIB, y la realidad indecorosa que acaba de confirmar la oficina estadística de la Unión Europea, Eurostat: España ya es el país de la Unión Europea con la mayor tasa de riesgo de pobreza entre los menores de 18 años, superando a Bulgaria y Rumanía, hasta ahora los patitos feos de esa denigrante estadística.

‘El poder empieza a oler mal por la cabeza’ (proverbio)

Hasta aquí haré lo que pueda, pero a lo que no pienso contestar, porque es inútil buscar una respuesta que sea aceptable para un japonés, es a la inevitable pregunta de cómo es posible que el Gobierno siga en pie sin presupuestos y después de casi dos centenares de votaciones perdidas en el Parlamento en lo que va de legislatura, incluido el rechazo de una decena larga de reales decretos y proyectos de ley.

De manera que llegados a este punto, en el que imagino que Hiroto esté meditando si opta por hacer un último esfuerzo o definitivamente nos deja por imposibles, utilizaré el siempre socorrido recurso de recomendarle la lectura de algún trabajo académico que pueda aclarar, o al menos explicar en parte, algunas de sus muchas dudas. Y creo que me inclinaré por Falsos Cimientos: la fragilidad de las instituciones en España (Tirant humanidades), del profesor Rafael Jiménez Asensio.

“Falsos Cimientos” es un esclarecedor inventario de las consecuencias a las que nos arrastra un “Estado clientelar de partidos, con unas formaciones políticas cada vez más endogámicas, con líderes populistas y cuadros con escasa o nula formación institucional y democrática, que no han trabajado, por lo común, fuera de la política”. Para engatusar al japo, y que me deje definitivamente tranquilo, quizá le lea una de las citas que, a modo de declaración de intenciones, reproduce el profesor en el arranque del libro.

Esta de Karl Popper en La sociedad abierta y sus enemigos (Paidós, 1992): “Toda política democrática debe ser concebida en función de instituciones impersonales. El problema del control de los gobernantes es, en esencia, un problema institucional; en pocas palabras, el problema de idear instituciones capaces de impedir que los malos gobernantes hagan demasiado daño”.

Temo la despedida. Que no sea capaz de evitar un gesto a medio camino entre la pena y la condescendencia. Y que me suelte uno de esos marmóreos proverbios japoneses. Quizá este: “El poder es como el agua: si se estanca, se pudre”. O este otro: “El pez comienza a oler mal por la cabeza”. A saber.