Editorial-El Correo
- La alianza para desalojar en octubre al líder del Likud promete cambio pero calca su política de seguridad y necesitaría más apoyos para gobernar
Solo el objetivo de desalojar del poder a Benjamín Netanyahu alienta la reciente creación de la plataforma Beyachad (Juntos) para las elecciones que deben celebrarse antes del 27 de octubre. La apuesta reúne a dos exprimeros ministros de perfiles políticos opuestos. Naftalí Bennett, que encabeza la coalición, es de extrema derecha, religioso y dirigente de colonos. A Yair Lapid, laico, se le considera centrista y asienta su influencia en Tel Aviv. Repiten la alianza que ya desbancó al líder del Likud en 2021 durante un periodo de dieciocho meses. Pero los comicios del año siguiente resucitaron a Netanyahu al frente del Gobierno más extremista de la historia de Israel.
Las encuestas conceden a Beyachad la posibilidad de superar al Likud en las urnas, pero con un resultado de 31 escaños que quedaría muy lejos de los 61 necesarios para intentar la formación de un gobierno. Hace cinco años, Bennett y Lapid pactaron con un partido árabe, una opción que prometen no repetir pero que ya ofrece al actual primer ministro un flanco de ataque –«lo hicieron y lo volverán a hacer», proclama–. No pasan desapercibidos además los intentos de debilitar el comité central electoral, que ya padece las renuncias del presidente y una veterana asesora legal, verá cuestionada su independencia con narrativas deslegitimadoras en las redes sociales y una impugnación en caso de resultado adverso.
El cambio que pregonan los opositores cuesta encontrarlo en su programa. La política de seguridad, con apoyo a la guerra contra Irán, a la ofensiva en Líbano y críticas incluso a la mínima ayuda autorizada en Gaza, calca la de Netanyahu. Bennett sí compromete una comisión de investigación sobre los ataques de Hamás del 7 de octubre de 2023, que el Gobierno bloquea para no tener que afrontar su propia incompetencia en aquel sábado negro. Mientras, prepara ya un complejo cerca de Jerusalén para albergar los juicios militares por aquellos crímenes contra más de trescientos acusados.
Los países vecinos agradecerían un descanso de Netanyahu y la sociedad hebrea tendrá la oportunidad de retirar a su dirigente más veterano, el primero en activo procesado por corrupción y reclamado por la justicia internacional por crímenes de guerra en Gaza. Aunque los crecientes episodios de violencia y abusos contra cristianos y musulmanes muestran que el extremismo mesiánico arrincona al Israel más liberal.