Juan Arza-Vospópuli

  • Pedro Sánchez intentará abrir un gran debate constitucional, dándole forma plebiscitaria sobre el rediseño del Estado

El que fuera consejero de Pedro Sánchez y muñidor de sus pactos para alcanzar el poder, Iván Redondo, reapareció hace unos días en Onda Cero, tras una prolongada ausencia que -según explicó él mismo- estuvo motivada por problemas psicológicos. Repuesto de sus dolencias y con energías renovadas, Redondo desplegó uno de sus característicos ejercicios de egotismo y megalomanía. Y dejó caer algunas afirmaciones que resultan inquietantes por lo que pueden revelar de los planes del líder socialista.

Todos los observadores coinciden en que Sánchez no va a abandonar el poder sin hacer honor a su particular sentido de la resistencia. Los que deseamos su caída tememos que se reserve un as en la manga, una jugada que cambie radicalmente el marco del debate, alejándolo de la corrupción, el empobrecimiento de las clases medias y los problemas de la inmigración, y llevándolo a un terreno que le sea favorable. El “no a la guerra” habría sido un mero ensayo de lo que nos puede estar preparando.

“Construir su propio país”

Pues bien, tanto en sus declaraciones recientes como en el libro que está promocionando -titulado “El Manual”- Redondo defiende la idea de una España plurinacional que supere el modelo surgido de la Transición. Para justificarlo, insiste en que la Constitución está caduca y que cada generación tiene “derecho a construir su propio país”. Por lo visto, el anterior Jefe de Gabinete de Sánchez llegó a elaborar algunos informes en los que se abundaba en estas ideas, y que fueron debatidos en el Consejo de Ministros.

Redondo se adhiere al planteamiento del soberanismo y de la extrema izquierda adanista sin añadir nada original. El sistema autonómico funciona mal, es cierto, pero por motivos muy diferentes a los que él defiende. Por el momento, el Estado autonómico constituye un cierto equilibrio de intereses difícil de alterar. Si eliminar las autonomías y recentralizar el Estado resulta fantasioso, convertirlo en una confederación plurinacional asimétrica lo es todavía más. Se antoja como un ejercicio de cuadratura del círculo, que provocaría gravísimos conflictos y disfunciones.

No me ocuparé aquí de refutar los argumentos en favor de la plurinacionalidad y de la asimetría. Pero sí quiero recordar que la generación que logró el pacto constitucional estaba formada por juristas, intelectuales y dirigentes políticos de enorme nivel, marcados por la experiencia directa de la Historia. ¿Alguien imagina a nuestra clase política actual, redondos y rufianes, bolaños y belarras, alcanzando un pacto territorial que mejore el plasmado en la Constitución de 1978?

Los escaños vascos y catalanes

En Redondo se reconocen cualidades similares a las de Pedro Sánchez: ambición, audacia, descaro. Pero no se les puede atribuir solvencia intelectual, sentido de Estado y vocación de consenso ¿Qué puede haber, entonces, detrás de esta insistente apuesta por la plurinacionalidad, coherente con las declaraciones recientes de Pedro Sánchez?

En este punto conviene recordar que Sánchez debe su permanencia en el poder a los resultados obtenidos por él y sus socios en Cataluña y País Vasco. En julio de 2023, las diferentes marcas que dan apoyo a Sánchez obtuvieron 40 de los 48 escaños en juego en Cataluña, y 16 de los 18 escaños vascos. Una diferencia de 56 escaños (!) prácticamente insalvable para la oposición.

Se entiende así, mucho mejor, que después de escuchar a Redondo algunos comentaristas hayan pronosticado que Pedro Sánchez intentará abrir un gran debate constitucional, dándole forma plebiscitaria, para elevarse por encima de los problemas mundanos y obligar a sus aliados nacionalistas a cohesionarse a su alrededor. Se trataría de presentar una falsa alternativa entre un pasado superado y un futuro brillante, entre una España cerril y un Estado abierto, diverso y plural. ¿Les saldrá bien la jugada?