Jon Juaristi-ABC
- Con suerte, los honrados cajistas del sanchismo celebrarán una incruenta Verbena de la Paloma posdemocrática en 2027
Si uno consulta cualquier diccionario de sinónimos del español, verá que, entre los de ‘aguantar’, figura destacadamente ‘resistir’, de donde cabría inferir que también ‘resistencia’ sería sinónimo de ‘aguante’ (de hecho, es la primera acepción de esta palabra que da la RAE). Sin embargo, todos nos olemos que la equivalencia no es tan diáfana.
Luciano Rincón, un escritor nacido en Santoña en 1933 y fallecido en 1993 en Bilbao, fue uno de los fundadores del Frente de Liberación Popular (el ‘Felipe’). Escribió varios libros antifranquistas que publicó ‘Ruedo Ibérico’ y que le llevaron a la cárcel en distintas ocasiones. Durante la Transición, defendió la democracia frente a ETA desde distintos periódicos vascos y otros de tirada nacional. Cuando le preguntaban, al final de su vida, cómo había sido la resistencia contra el franquismo, solía responder: «¿Resistencia? De eso, no había mucho. Lo que sí hubo fue aguantancia a porrillo». Hasta que se demuestre lo contrario, ‘aguantancia’ es un neologismo creado por el valeroso Luciano Rincón, y que significa exactamente lo contrario de ‘resistencia’: algo así como «aguante pasivo y resignado».
Me acordé de mi amigo Luciano, incansable resistente, el pasado domingo, en la estación de Renfe de Lérida-Pirineos, mientras los paneles luminosos anunciaban los retrasos de todas las salidas de trenes de larga y media distancia. Como de costumbre, la peña expectante se aburría en un ejemplar ejercicio de aguantancia. Estaba ya sacando las previsibles conclusiones pesimistas sobre el cuajo del pueblo español, cuando reparé en un detalle importante. La hora prevista de salida de cada tren cambiaba a cada minuto. A la hora anunciada se le añadía un minuto más, de modo que a las dos horas, el retraso, que había sido de un minuto en el primer anuncio, acumulaba ya ciento veinte, y seguía la racha.
De repente, todo estuvo claro: se trataba de una trasposición horaria del famoso experimento de la rana viva sumergida en un recipiente con agua al que se le va subiendo lentísimamente la temperatura hasta que el pobre batracio se cuece en agua hirviendo sin haber advertido en momento alguno la que se le venía encima. Solzhentzyn explicó cómo las dictaduras comunistas proceden de manera análoga elevando gradualmente, abuso tras abuso, los niveles ciudadanos de tolerancia a la tiranía hasta conseguir pueblos de esclavos aguantantes.
En fin, es el mismo truco al que ha recurrido el Honrado Sánchez, con la serie de la Honrada Mujer del César, el Honrado Chirimoyas, el Honrado Sardanábalos y su palanganero, el Honrado Koldo; el Honrado Cerdán, la Honrada Fontanera y ahora, el Honrado Zapatero. Con un poco de suerte, los honrados sanchistas no tendrán que dar el paseo a nadie que les haya salido rana cuando, mediado 2027, se carguen limpia y definitivamente la puta democracia burguesa.