José Alejandro Vara-Vozpópuli

  • La agenda letal de fiel ‘lacayo’ de Zapatero produce temblores desde Moncloa a Ferraz. Aldama puede quedar en mero aprendiz

Aldama puede quedarse en un aprendiz de delator al lado de Julio Martínez Martínez, todos le llamaban Julito menos la banda venezolana que le trataba de ‘lacayo’ o la UDEF que lo describe como testaferro, y el juez Calama como “lugarteniente” o “figura visible de la trama”. De Zapatero, naturalmente. Un chico para todo, un correveidile infatigable, un mensajero eficaz, un botones sacarino con galones de jefe de negociado. Y algo más.

Julito es un señor de mediana edad, aspecto anodino como de funcionario de Fomento de película de Lazaga, un tipejo gris como una lápida, escurrido de hombros, cabeza despoblada y ese aplomo impostado que da la calle y la necesidad. Ahora, con barbita afilada, más se asemeja al terrible Ben Kingsley de Sexy Beast, digno de temer. Puede terminar cortando cabezas o rebanando pescuezos.  Todo se andará

Billetes en el retrete

Lo detuvo la UDEF el 11 de diciembre, tres días después de aparecer con Zapatero haciendo futin por el Pardo. Él llevaba un portafolios y el expresidente calzaba mocasines, según explicaciones ulteriores que la instantánea no desvela. En la redada, en la que cayeron altos mandos de Plus Ultra, la empresa de los líos, 53 milloncejos de los españoles fueron a parar a bolsillos impropios, la policía descubrió 285.000 euros en metálico en la casa de Julito, por ahí escondidos, en una bolsa de golf, el trasero de un radiador, el retrete y otros rincones impensables. No había joyas pero sí un buen puñado  de relojes ‘de alta gama’, según la jerga al uso de los atestados. ¿En qué punto la mentada gama pasa de ser bajita a la categoría de alta? Se desconoce. Bolaños debería convocar un comité de expertos para que aclaren de una vez esta cuestión, que puede dar lugar a la declaración de nulidad de un procedimiento y hasta al cierre irrecurrible de dos o tres seudomedios de la fachosfera.

Además de la pasta en cash, moneda frecuente en Ferraz y en demás ambientes delincuenciales, la policía se incautó de once minuciosas agendas, un preciado hallazgo que hace temblar no solo a Zapatero, el más directamente aludido, sino a todo el entorno monclovita, aterido y noqueado estas semanas por los continuos sobresaltos judiciales. La libretita/bomba tiene tapas negras con el enunciado de ‘Plus Ultra’ en la cubierta. Y un sinfín de anotaciones que, por lo desvelado hasta ahora, puede producir enormes sinsabores a ilustres personajes del socialismo. Es como la famosa moleskine de Jové, el número dos de Junqueras, aquel dietario del procés en el que anotaba, con caligrafía casi japonesa, todos los nombres, reuniones estratégicas, compras de material, fechas de elecciones, asaltos a dependencias oficiales y demás detallitos para consumar el golpe de Estado del 17 en Cataluña. El Supremo aprovechó muy bien ese material.

El representante operativo

El cuadernillo de Julito, menos prolijo pero igualmente minucioso, refleja todas sus andanzas, mucho más allá del rescate de Plus Ultra, la ‘compañía estratégica’ con dos aviones y deudas a toneladas. Allí aparecen, por ejemplo, nombres que hasta ahora no figuraban en las distintas tramas delictivas del PSOE como los exministros Caamaño, de Justicia, y Magdalena Álvarez de Fomento; negocios de petróleo, oro, divisas, negocios con Huawei y otras chinerías, y hasta planes políticos en Venezuela como la extracción del presidente electo Edmundo González, la liberación de presos del chavismo o los dos vascos supuestamente miembros del CNI. Este Julito era un operador multitarea, un conseguidor sin fronteras, un infatigable businessman que, dada su insignificancia política, su irrelevancia empresarial, su mediocre infraestructura, actuaba en representación de un ente superior. O sea, de Zapatero, su amigo desde 2012, socio en Análisis Relevante -la tapadera de las coimas- y ahora, posiblemente su cómplice, de acuerdo con el escrito del juez Calama. El ‘lacayo’ era el “representante operativo que trasciende el ámbito empresarial porque ejerce el más alto nivel, y en asuntos de Estado, la influencia que corresponde a Zapatero”.

Administrador único de más de treinta empresas, la mayoría sin actividad, se encargaba de concretar los negocios que Zapatero abría por el ancho mundo antidemocrático, según se desprende del auto. Su agenda era el croquis de operaciones que han guiado la política exterior de Sánchez de estos últimos ocho años. Desde el inexplicado abandono de Guaidó en favor de Maduro, hasta el abrazote con Pekín, pasando por la noche oscura de Delcy en Barajas. Negocios y chambas, transas y coimas. ¿Quizás Marruecos? Gertru, la fiel secretaria de ZP, también lo sabe todo, como el entregado esposo del ramito de violetas. Por ahí no se preocupen, no hablará.

¿Nadie tira de la manta?

¿Julito lo hará? No se sabe. Acaba de cambiar de abogado. Se ha puesto en manos de María Dolores Márquez de Prado, exfiscal de la Audiencia Nacional, experimentada, trayectoria ejemplar, hábil y solvente. ¿Camino de pacto? ¿Acuerdo con la fiscalía? Muy encantado con la actitud de su hasta ahora amado jefe y proveedor no parece estar. Se siente abandonado, dice alguien que lo frecuenta. Lo normal. Cierto es que Zapatero harto tiene con vigilar lo suyo, que declara ante Calama el 17 y 18, dos días para él solito. Y le pinta muy mal.

Pero las agendas de Julio Martínez Martínez son pura dinamita. “Aquí ni dios tira de la manta”. “Nadie canta la Traviata”, comentan los pútridos mentideros de las cacatúas sincronizadas. Que se lo pregunten a Ábalos y a Koldo. O al trapisondista Cerdán, urdidor de cloacas. Aldama era “el pequeño Nicolás”, “qué inventada”, “vaya trolero”. Todos esos huéspedes de la perspicacia ahora callan. Y Sánchez, encerrado en el búnker, esperando al Papa, y al Mundial, sobrevive agarrotado y presa de una delatora exudación, como se percibió en su lóbrego monólogo en el Vaticano. Todo en su entorno se hunde. Sólo le quedan los ladridos de Puente, ese marsupial colérico, y un Bolaños aterrado. El ‘número One’ está recluido, se ha convertido en su propio prisionero, en el recluso de su celda, temeroso quizás de que cuando quiera salir, será otro quien tenga la llave.