Gonzalo Araluce-Vozpópuli

  • El presidente español mira de nuevo al escenario internacional en busca de refugio. En Turquía escenificará su choque con el de EEUU a costa de la OTAN

Pedro Sánchez busca un clavo ardiendo al que agarrarse ante la tormenta judicial que acecha al Gobierno: la imputación de José Luis Rodríguez Zapatero, un nuevo informe sobre Begoña Gómez, la intervención de la UCO en Ferraz, el juicio a su hermano en Badajoz y la inminente sentencia sobre el caso mascarillas —o lo que es lo mismo, a José Luis Ábalos— dejan al Ejecutivo sobre el alambre. Y, de nuevo, el presidente buscará refugio en el escenario internacional. En concreto, en Ankara (Turquía), donde se celebrará la próxima cumbre de la OTAN… y en la que Sánchez escenificará un nuevo choque frontal con Donald Trump para tapar sus escándalos domésticos.

La maniobra es similar a la que tuvo lugar hace un año en La Haya, cumbre crítica para la Alianza Atlántica. La organización debía alcanzar un acuerdo común para el incremento del gasto militar, en un contexto en que la amenaza persiste en el flanco este —de la mano de Rusia y Vladimir Putin— y la tensión yihadista se dispara en el Sahel africano.

Donald Trump, presidente de Estados Unidos, llegó a la Cumbre con un firme propósito: que los aliados firmasen un acuerdo para alcanzar el 5% del PIB en Defensa para la próxima década. Dicho de otro modo, fortalecer el músculo militar de los Estados miembro para aliviar la dependencia respecto a Washington.

Pero Pedro Sánchez no estaba por la labor. Decía que no pasaría más allá del 2%. En la Cumbre se le vio solo y aislado. “¿Y por qué no? ¿Por qué no puedo sentarme en mi silla y preparar mi intervención?”, respondió a preguntas de los periodistas. El presidente español se presentó como el principal opositor a Donald Trump, en una maniobra que se interpretó como un ‘salvavidas’ frente a los escándalos que le acechaban en España.

Porque Sánchez llegó a La Haya en plena crisis por los escándalos de corrupción del caso mascarillas y las últimas novedades en el procedimiento judicial que afecta a su esposa, Begoña Gómez. También en un momento de debilidad parlamentaria, incapaz de aprobar unos nuevos Presupuestos Generales del Estado. Y sus socios, además, le reprendían que hubiese disparado la inversión en Defensa al 2% sin pasar las cuentas por el Congreso de los Diputados.

¿Solo, aislado y acorralado por la Justicia? Sánchez se encomendó a la política internacional; a un choque con Trump que le diese cierto oxígeno entre el electorado de izquierdas o entre sus socios habituales.

Mismo patrón que en La Haya

La ecuación se repite ahora, en 2026, aunque todavía en mayor exponente. Porque los escándalos judiciales, lejos de remitir, se han multiplicado de forma exponencial. La presencia de la UCO en Ferraz ha sido un torpedo a la línea de flotación, toda vez que el juez apunta directamente al PSOE como actor necesario en una trama para desestabilizar a la Justicia.

Por el camino, además, Sánchez ha perdido a José Luis Rodríguez Zapatero, primer presidente del Gobierno imputado en la historia de la democracia. A mayor abundamiento, los casos judiciales de su esposa y hermano siguen adelante. Y el Supremo ya ultima la sentencia sobre José Luis Ábalos, otrora mano derecha de Sánchez, y que se enfrenta a penas de hasta 24 años de prisión.

Pedro Sánchez, sabedor de que ha perdido la iniciativa —“noqueado”, apuntan algunas crónicas—, busca un refugio donde guarecerse ante tanto escándalo. No lo logró en su visita al Papa León XIV, en una rueda de prensa que queda para la hemeroteca: con la UCO en Ferraz, se enteró en plena comparecencia, o eso dijo, de la imputación de la gerente del PSOE por emitir facturas falsas para financiar a las cloacas de Ferraz, según el juez.

Fuentes próximas al Palacio de la Moncloa detallan a este periódico que Pedro Sánchez tiene la próxima Cumbre de la OTAN en Ankara entre ceja y ceja. Que llega con la intención de escenificar sus tiranteces con Trump, para así cambiar de tercio en el debate público y presentarse con un mensaje de calado entre la izquierda.

El momento no puede ser más propicio. La relación entre Washington y Madrid ya era tensa a costa de la inversión en Defensa, pero ha terminado de saltar por los aires ante la oposición del Gobierno de Pedro Sánchez al plan militar de Trump sobre Irán, negando apoyo logístico a las aeronaves norteamericanas en las bases militares de Rota y Morón de la Frontera.

Para la administración Trump, aquello fue interpretado como una deslealtad de un aliado estratégico. En esferas próximas al presidente norteamericano se ha debatido abiertamente sobre la posibilidad de retirar tropas de las dos bases andaluzas, tal y como ya ha hecho en Alemania. Tampoco se descarta que tome otras medidas contra España, principalmente a nivel empresarial.

Trump y Sánchez llegan a Ankara con esta creciente sensación de desconfianza mutua. El primero no duda es señalar al segundo por sus constantes choques —“Trump está frustrado con España”, sostiene el embajador de EEUU en Madrid, Benjamin Leon—, mientras que el segundo aspira a convertir su crisis con Trump en un parapeto frente a los escándalos que le acorralan en territorio nacional.