Gorka Maneiro-Vozpópuli
- El Papa no dejó títere con cabeza, aunque lo dijera de manera fina y elegante, como hacen los oradores que quieren pasar a la historia
No es la primera vez que un jefe de Estado o un mandatario internacional interviene en el Congreso de los Diputados, pero sí es la primera vez que lo hace un Papa, y esta es una de las razones por las cuales su visita ha sido histórica: porque el papa León XIV no es únicamente mandatario internacional o jefe de Estado sino, sobre todo, líder religioso, pastor, referente moral para millones de seres humanos y máximo representante de la Iglesia Católica, y como tal intervino en el hemiciclo. Y, como para confirmar las expectativas desde el comienzo, su sola presencia en la sede de la soberanía nacional obró el primer milagro laico entre nuestros representantes: todos los presentes, sin casi excepciones, aplaudieron al obispo de Roma, algo que en los últimos tiempos no ha logrado nadie, ni siquiera nuestro Rey Felipe VI, vilipendiado por republicanos poco ilustrados y nacionalistas interesados, disculpen el pleonasmo; así que, ya desde el inicio, León XIV se convirtió ayer en un elemento extraño, una rara avis entre tanto sectarismo, pues recibió el aplauso de la izquierda y de la derecha, cada cual por sus propias razones.
También desde el inicio, pudimos observar que cada cual iba a tratar de arrimar el ascua a su sardina: la sucursal de Ferraz en el Congreso de los Diputados, es decir, Francina Armengol, presidenta del Congreso y tercera autoridad del Estado, lo dejó claro desde su discurso de bienvenida, porque una cosa es atender a los más pobres, como reclamó, y otra defender un sistema fiscal excepcional donde los que tienen más son financiados por los que menos tienen, tal y como pretende su partido, por poner un ejemplo entre otros muchos que podrían ponerse. Su discurso fue aplaudido exclusivamente por el PSOE, lo que evidencia algo que ya sabíamos: que las instituciones del Estado han dejado de representar a todos para pasar a representar al representante político que las ha colonizado previamente.
Antes de su llegada al Congreso de los Diputados, el Papa mantuvo una audiencia privada con Pedro Sánchez, quien no ha dejado al obispo ni a sol ni a sombra durante los primeros días de su estancia en España, con la esperanza, supongo, de que se produzca el milagro de que los ciudadanos, seres terrenales y de frágil memoria, olvidemos toda la corrupción que lo asola, aunque fuera por unas horas. Al fin y al cabo, cada cual hace lo que puede para salvar su alma… y su culo, y es que nadie quiere acabar en el Infierno ni en la cárcel, lugares donde acaban los que infringen las leyes de Dios… y los que vulneran las leyes de los hombres.
Referencia moral
León XIV intervino en un Congreso donde se han aprobado leyes que la Iglesia Católica ha venido criticando reiteradamente, con todo lo que ello implica; sin embargo, no por ello se achicó o se vino abajo, al fin y al cabo sabe que sus palabras son referencia moral para millones de personas pero que no todos los humanos nos sentimos obligados a cumplirlas; entre otras, la ley del divorcio, la del matrimonio igualitario, la ley trans, la ley del aborto o la ley de eutanasia; a estas dos últimos citó claramente aunque sin nombrarlas nominalmente: «Toda vida debe ser reconocida desde su concepción hasta su ocaso natural».
El Papa, aunque de modo sutil e inteligente, vino a defender sin ambages lo que habitualmente ha defendido la Iglesia Católica y que simplifica su discurso y su propósito: la defensa de la dignidad inviolable de toda persona, la cual está por encima de toda legislación humana. El Papa no dejó títere con cabeza, aunque lo dijera de manera fina y elegante, como hacen los oradores que quieren pasar a la historia; y por mucho que les pese, tanto los unos como los otros recibieron sus críticas, ya que la Iglesia Católica tiene sus pautas y ha ido históricamente por libre, lo que es de las cosas más aprovechables que tiene (y de las menos habituales en los tiempos que corren). En todo caso, lo despidieron con más de cinco minutos de aplausos, así que o no se sintieron aludidos o trataron de disimularlo; o se tomaron las críticas de manera deportiva, lo cual no es muy probable.
La inmigración masiva
El Papa, además de defender la vida humana desde la concepción, cargó contra la cultura del descarte que perjudica al niño no nacido, al anciano y al enfermo, defendió la institución familiar y reivindicó el «derecho primario e inalienable» de los padres a elegir la educación de sus hijos «en coherencia con sus propias convicciones», clásicas reivindicaciones de la derecha como Dios manda. Además, clamó contra el rearme de Europa (que espero no implique el desarme de Ucrania), defendió el derecho internacional (aunque sea incapaz de acabar con las dictaduras del mundo) y reclamó una política migratoria que afronte las causas que obligan a los migrantes a huir de sus países de origen, reivindicó la igual dignidad de los seres humanos y recordó que la seguridad nace de la justicia (aunque no aportó soluciones en relación a los problemas de convivencia que la inmigración masiva y sin control genera), lo cual pudo contentar más a los representantes de la izquierda que a los de la derecha, aunque es un clásico que cada cual entiende las cosas como quiere o le interesa.
Además, el Papa León XIV criticó lo que se ha convertido en modus operandi de la clase política española: pidió «desarmar el lenguaje» y rechazó que la pluralidad degenere en «descalificación permanente del adversario», actitudes que provocan enfrentamiento estéril y la polarización política, algo que vemos incluso los que no somos Papa ni aspiramos a serlo.
León XIV representa a la Iglesia Católica, la cual tiene más fieles entre la derecha que entre la izquierda, aunque en la izquierda haya proliferado mucho cura laico últimamente, de esos que quieren controlarnos hasta los andares, versión posmoderna del puritanismo de toda la vida. Tanto unos como otros, temerosos del representante de Dios en la Tierra, rezaron ante la llegada del Papa a España: «Virgencita, virgencita, que me quede como estoy«. Y es posible que sea así finalmente, incluida la propia Iglesia Católica, porque una cosa es predicar y otra dar trigo. Y hasta su santidad Pedro Sánchez quizás salga indemne. Sin embargo, la lucha política continúa; y no precisamente en el Reino de los Cielos sino en el inhóspito terreno de lo mundano. Y hay cosas que, salvo milagro electoral y laico, ni el CIS puede remediar.