Gabriel Sanz-Vozpópuli

  • El PSOE ve una ‘mano negra’ en contra, pero creo que todo es más sencillo: Tiene más diligencias penales pendientes que días hábiles antes de las próximas elecciones

El PSOE afronta esta su semana fantástica judicial (modo ironía On) con una mezcla de estupor e indignación a partes iguales por todo lo que le está pasando, aunque no todos en ese partido dirigen su estupor e indignación contra los mismos, porque no coinciden a la hora de señalar a los causantes de tanta desgracia.

Por resumírselo: unos pocos pero muy ruidosos, aquellos que ostentan todavía el poder orgánico socialista e institucional en La Moncloa, nadan en la suspicacia contra jueces, fiscales y medios de comunicación, mientras una mayoría silenciosa de cargos intermedios, alcaldes y militantes empieza a sospechar que el espantajo de José María Aznar y su ya famoso “el que pueda hacer que haga” no explica por sí solo este descalabro.

O, dicho de otra manera, cuando hablas en privado, cada vez son mañas quienes reconocen que, se pongan como se pongan algunos en el Gobierno y en Ferraz, no fue el odiado Aznar quien puso a hurtadillas en la caja fuerte del despacho de su sucesor, José Luis Rodríguez Zapatero, joyas por valor de 1,3 millones de euros. Un “botín”, como lo califican en privado,, por el cual el juez Calama le imputa delitos de contrabando y fraude fiscal penados hasta con once años de cárcel, nada menos.

El psicodrama de Zapatero

Palabras mayores tratándose del hombre que ha encarnado hasta la fecha el mito del político insobornable, el mismo a quien el discurso de la superioridad moral de “ser socialista significa dar mucho y pedir poco” sonaba a música celestial para muchos en toda esa izquierda -“esto es una mierda”, Gabriel Rufián dixit– que hoy anda llorando por las esquinas

Digamos que el psicodrama Zapatero les está haciendo ver la luz y Pedro Sánchez lo sabe. Por eso, él y su núcleo duro en La Moncloa -con los dos OscarPuente y López de arietes- y la maquinaria de la dirección federal en Ferraz, se han apuntado interesadamente a la teoría de la conspiración, el “golpe” (sic), que entrevé el ministro de Transportes, para “hacer caer al Gobierno antes del verano”, remató hace unos días la portavoz del partido, Montse Mínguez.

Así, como lo leen. Pero no se asusten. Es pura tinta de calamar del político que se sabe acorralado política y judicialmente, y tira de manual a la espera de una citación en los tribunales y de una idea-fuerza mejor con la que presentarse a las siguientes elecciones generales.

¡Pues claro que después de que los dos últimos secretarios de Organización, José Luis Ábalos y Santos Cerdán se condujeran como una “organización criminal”, según la UCO de la Guardia Civil, y después de que la gerente del partido, Ana Fuentes, haya sido imputada en ese pegajoso caso Leire, el propio PSOE y su secretario general están en el punto de mira de los jueces! ¡Cómo no lo van a estar!.

La imputación que viene

En el mundo judicial, estimado lector, se da por descontado que, en algún momento próximo, el juez Santiago Pedraz va a estrechar el círculo sobre la sigla PSOE, en forma de imputación como persona jurídica y esa será la hora de la verdad del hoy presidente del Gobierno…. ¿Sabía usted algo de las andanzas de su número dos Cerdán para obstruir a la justicia en los casos que afectan a usted y su familia, tal y como apuntan las anotaciones en la agenda de la llamada fontanera?

¿De verdad, señor presidente, que, no ya Cerdán, ni la propia presidenta del partido, Cristina Narbona, esa que se sienta a su lado en las reuniones de la Ejecutiva socialista, ni el director adjunto del gabinete de la Presidencia, Antonio Hernando, que acudió a reuniones de la llamada cloaca, le informaron? Frente a esa realidad tozuda que se ha dado en llamar el Watergate de Pedro Sánchez, poco puede hacer la cúpula socialista más allá de intentar convencer a los más cafeteros de su partido de que todo es un invento  de jueces, fiscales, fuerzas de seguridad, medios de comunicación y, si me apuran, de los joyeros para desalojar al socialismo del poder.

No hacen falta siquiera analogías con aquel episodio que acabó con el presidente estadounidense Richard Nixon en 1973 por espiar a sus rivales demócratas desde el edificio de Washington que llevaba ese nombre, Watergate, a orillas del río Potomac.

¿Recuerdan el eslogan publicitario del Telecinco más solidario que se llamó Doce meses, doce causas, a principios de este siglo? Pues no sé si son doce, pero seguro que pasan de la decena los sumarios judiciales a los que tienen que hacer frente Pedro Sánchez y los suyos. Ante semejante panorama, con cientos de diligencias pendientes, los Oscar del PSOE no necesitan bucear en extrañas teorías conspiratorias. Su problema es más sencillo: ya no hay suficientes días hábiles en el calendario para encajarlas en los doce meses que nos quedan, según su jefe, hasta depositar el voto en la urna.