Teodoro León Gross-ABC

  • Sánchez vaticinó que no dudaría en gobernar jibarizando la democracia sin poder legislativo y ya se ocupan sus delegados en la Mesa de que así sea

En el naufragio del sanchismo, como aquella noche del Titanic en las costas de Terranova, la orquesta de los socios seguirá tocando hasta el final. Ahí están, como la Wallace Hartley Band en mitad de la catástrofe marítima, los intérpretes del PNV con su nacionalcinismo, Esquerra, Bildu y BNG, incluso Podemos, aunque tiendan a desafinar, acompañando el hundimiento sanchista con la partitura del lado correcto de la historia. A pesar de la proximidad del desastre, ellos siguen tocando junto al Gobierno, con sus líneas rojas dinámicas que se desplazan según las necesidades, demostrando unas tragaderas irredimibles, y con sus magníficas coartadas retóricas desde no se sabe qué superioridad moral. Este jueves habría sido interesante verlos escenificar un nuevo ejercicio de contorsionismo con la moción de Junts instando a Sánchez a convocar elecciones, pero les van a ahorrar esa exhibición impúdica.

Los socios de la vergüenza ya contaban con que la Mesa del Congreso presidida por la delegada del Gobierno en San Jerónimo, Francina Armengol, se ocuparía de sabotear la iniciativa simbólica. Se parapetan en que la cuestión de confianza es una prerrogativa constitucional del presidente, pero entonces ¿por qué aceptaron el 3 de febrero de 2025 tramitar una proposición no de ley de Junts que instaba al presidente del Gobierno a someterse a una cuestión de confianza? En el incesante trapicheo sanchista, aquello fue un trueque a cambio del voto al decreto ómnibus. No había objeción para dar curso a la iniciativa, pero PSOE y Sumar siguen manejando la Mesa como una sucursal de Moncloa, contra el interés de la soberanía nacional. Sánchez vaticinó que no dudaría en gobernar jibarizando la democracia sin poder legislativo y ya se ocupan sus delegados en la Mesa de que así sea.

Es un alivio para el corifeo sanchista –los avalistas de sus escándalos de corrupción– no tener que pronunciarse. Por supuesto, no los verán rebelarse por este silenciamiento. Ellos seguirán tocando en la cubierta hasta el hundimiento final. Eso sí, el lado más sucio les toca a los socios de Sumar que han unido su suerte al PSOE en la Mesa como en Moncloa, y eso incluye a Izquierda Unida, los Comunes, Compromís, el errejonismo sin Errejón de Más Madrid, la Chunta y Més per Mallorca, Més o menos. Cada día pretenden que su mano izquierda no sepa qué votan con la mano derecha junto al PSOE, para mantener no solo a Yolanda Díaz, Urtasun, Mónica García, Pablo Bustinduy y Sira Rego en sus ministerios, sino toda la estructura de secretarios de Estado, una decena de subsecretarios, otros tantos secretarios generales y directores, y más de medio centenar de organismos dependientes con toda su tropa. Sumar no ha dudado en sumar con las cloacas. Desde la noche electoral, aquel ‘somos más’ significaba ‘más’ dispuestos al mercadeo. El sanchismo sabía que todos tienen un precio.