Carlos Martínez Gorriarán-Vozpópuli
- Quienes odiamos la corrupción y el abuso de poder tenemos muchas razones para agradecer a Peinado su tenacidad, fortaleza e integridad
Permítanme una confidencia: tengo una lista de temas que quiero abordar, del cribado ideológico del euskera en la selectividad vasca a la utopía tecnológica de la IA, pasando por la bomba demográfica y el fenómeno Gaudí, pero no hay manera de apartarse del fétido burbujeo de la putrefacción actual. Atrae como la sangre de la víctima sacrificada a los compañeros muertos que Odiseo invocó en el Hades para conocer su futuro. Así no hay manera.
Un CGPJ bien mandado
Esta misma mañana se reúne de nuevo el CGPJ, ahora de modo presencial tras la sesión telemática del domingo, para ocuparse del juez Peinado por la osadía de tratar a doña Begoña Gómez de Sánchez como a una posible delincuente común pero que, por sus privilegios conyugales, podría fugarse con ayuda de escoltas poco escrupulosos o muy obedientes (que, con un gobierno corrupto, es lo mismo), repitiéndose el caso Puigdemont, o el Roldán, desaparecidos de la memoria de ciertos sindicatos policiales.
Conocida la reluctancia del órgano de gobierno del Poder Judicial a la hora de defender la independencia judicial y a los jueces atacados por practicarla, que se hayan reunido un domingo de verano para ocuparse de Peinado, y sólo por un auto de instrucción cerrado, y por una medida cautelar recurrible (el famoso pasaporte retirado, que alguno ha calificado de ensañamiento), es un hecho tan extraordinario que pide entender dos cosas.
La primera, lo bien mandado que es este Consejo. Obedece obscenamente a un ministro (Marlaska) que exige escarmentar a un juez molesto: sí bwana, nos ocuparemos de Peinado, aunque ya dé igual, porque la instrucción ha terminado y él está a punto de jubilarse. La segunda, y peor, es que no se trate tanto de prevenir un presunto abuso judicial como de escarmentar preventivamente a jueces que osen tratar a los políticos que han nombrado al CGPJ como a gente corriente y moliente: ¿acaso no hay nadie sagrado, ni en la cúspide de la secta de la superioridad moral?
Matar al mensajero para borrar los hechos
No aspiro al desvaído título de jurista que tantos tertulianos y profesores de derechos se atribuyen, así que no tengo ni idea de si el auto de instrucción de Peinado es razonable, erróneo o disparatado. Pero como no soy tonto del todo, reparo en que las feroces críticas dirigidas a Peinado, y no sólo desde la izquierda afectada, sino desde la derecha que teme la igualdad ante la ley, critican airadamente una expresión indiscreta -que los escoltas podrían ayudar a la fuga, haciendo otro Puigdemont-, y sobre todo al trato común dado a Begoña Gómez (obviando los desplantes y desafíos de la catedrática trucha por la universidad de Moncloa durante toda la instrucción).
“Peinado victimiza a Begoña Gómez”, titulaba el ABC para curarnos del espanto que se viene encima como haya victimización con condena y pena. Así se evaporan y borran los graves delitos imputados a esta señora: tráfico de influencias, corrupción en los negocios, apropiación indebida y malversación de caudales públicos. Todo bulle al calor de la indignación y cólera que comparten quienes están más preocupados por el futuro del sistema del 78, su sistema, que por la democracia y la decencia del sistema.
Es la misma estrategia de defensa del presidente Zapatero: tratar de invalidar el procedimiento y las pruebas en vez de refutar hechos de significado criminal aplastante. Sólo que en el caso Peinado aparece una voluntad de linchamiento mediático para culminar la estrategia de dar ‘muerte al mensajero’ de la corrupción sistémica del régimen sanchista.
El esperpento del jefe de la UDEF
Los mensajeros son los medios y periodistas de investigación y análisis que han seguido trabajando pese a las campañas de difamación profesional, de amenazas e incluso inspecciones de Hacienda. Pero sobre todo los jueces instructores y la policía judicial a su servicio, especialmente la UCO. La Guardia Civil no ha podido salir incólume del acoso de la corrupción y del intento de cortar la investigación, pero ha protegido mejor su autonomía e integridad que la Policía Nacional, seguramente porque no depende tanto de nombramientos políticos de confianza.
Hemos asistido al esperpento del jefe de la UDEF nombrado por Marlaska -habitual en estos enredos desde el soplo del bar Faisán para ayudar a ETA- que escondía en su casa veinte millones de euros procedentes del narco. Y a la vez, a la extensión del narcotráfico en el sur mientras se abandona a la Guardia Civil que debe combatirla con medios de país tercermundista. Oh, pero es mucho más grave que Peinado retire un pasaporte para no repetir un Puigdemont.
Estos últimos ocho años hemos asistido a la persecución y apartado de cualquiera que representara un obstáculo a la corrupción y la impunidad de los responsables. Y es precisamente la integridad profesional de algunos jueces, policías y guardias, periodistas y funcionarios, la que ha frustrado que la estrategia de “matar al mensajero” llegara a sus últimos objetivos.
Sólo su virtud cívica, y nada más, ha terminado levantando la espesa capa de fango, peste y oscuridad que encubría al Gobierno más podrido y peligrosos de Occidente. Pero todavía es mucho lo que sigue oculto. De ahí que el trabajo no esté terminado, según el principio ancestral de que lo que no tiene nombre, no existe, y de que la damnatio memoriae, la condena al olvido borrando el nombre, es la última pena impuesta al alma.
El dedo de Peinado y la Luna de Sánchez
Como es sabido, cuando el dedo señala la Luna los tontos miran al dedo, pero los listos que no quieren que veas la Luna intentan el eclipse digital del satélite. Fuera de España crece el asombro por la mayor trama política de corrupción desde la tangentopoli italiana, que probablemente quedará en mantillas, y además dirigida según toda lógica por el último referente mundial de la izquierda progresista. Asombran los hechos denunciados e investigados y pendientes de refutar, no la vida y milagros de un juez instructor tratado en su casa como un sujeto peor que los investigados.
Sean cuales sean los defectos formales de la instrucción del juez Peinado, no tengo ninguna duda de que quienes odiamos la corrupción y el abuso de poder tenemos muchas más razones para agradecer al juez su tenacidad, fortaleza e integridad que para condenar su sintaxis y posibles indiscreciones. Respecto a lo que decida el CGPJ sobre el caso que la manda el Gobierno, poco importa ya, salvo que aprovechara el incidente para parar en seco la injerencia y defender la independencia de los jueces. Pero eso ya sería creer en milagros.