Miquel Escudero-El Correo
El ‘fair play’ es una de las primeras expresiones inglesas que los españoles incorporamos a nuestras conversaciones. Hoy día estamos saturados de ellas: hasta la saciedad, hasta la estupidez. Pero ninguna es más ejemplar: ‘fair play’ es juego limpio, es cortesía, es un trato justo y ecuánime. Procede de finales del siglo XVI, pero se adoptó en las competiciones deportivas como código de respeto al adversario y a las normas de juego. Ganar no lo es todo: hay que saber ganar y hay que saber perder, con decoro y dignidad.
Se solía decir hace años: «perdieron con honra». ¿Pero qué es esto?, se preguntarán aquellos a quienes nunca se les ha enseñado algo parecido. Siempre hay que ganar y a toda costa, como sea. Parece ponerse de moda entre nosotros que, tras perder, los jugadores de un equipo de fútbol se expongan, silenciosos, ante sus aficionados para pedirles perdón por haberles ‘fallado’. Es delirante ver a algunos desaforados espectadores decirles de todo, increparlos e insultarlos. Es un espectáculo vergonzoso. Hace poco, le oí señalar a Jorge Valdano -una figura del fútbol culta y excepcionalmente sensata- lo inadecuado de esta práctica, argumentando de forma impecable: «Si los jugadores han hecho todo lo posible, no tienen por qué pedir perdón. Y si no lo han hecho, no tienen perdón».
La semana pasada, la mayoría de los diputados del Congreso votó su falta de confianza en el Gobierno y pidió su dimisión; luego, a gritos. ¿Cuál fue la reacción de PS? Reír burlonamente. Y quien estaba detrás de él (el de ‘¡yo con Begoña!’) chocó esos cinco con PS y se subió sonriente los pantalones. Qué nivel. Seguimos avanzando hacia lo peor.