Pedro García Cuartango-ABC
- Lo que el PSOE y muchos de sus socios pretenden es que ignoremos los abrumadores indicios de que Zapatero se dedicaba al tráfico de influencias
Preguntado por Zapatero, Nicolás Sartorius, un sindicalista e intelectual de encomiable coherencia, respondía ayer en una entrevista en ‘El País’ con tres palabras: «Tiene que explicarlo». La respuesta me recordó a un marido adúltero que es pillado en la cama con su amante por su esposa y exclama: «Déjame que te lo explique».
Me pregunto qué puede explicar un expresidente que ha sido pillado por la Policía con joyas que valen 1,3 millones de euros en una caja fuerte. Yo diría que el único gesto de coherencia de Zapatero ha sido no explicarlo porque hay cosas que no tienen explicación.
En este caso, la izquierda ha decidido mantener lo que Samuel Taylor Coleridge bautizó como «suspensión del sentido común», que significa que un individuo está predispuesto a creer las justificaciones más inverosímiles cuando los hechos contradicen su marco mental. Esto es aplicable a Zapatero, del que afirman sin rubor que tiene derecho a la presunción de inocencia y que esperan las explicaciones que prometió dar y que no ha dado después de mentir a través de un portavoz.
Salvando las distancias, es la misma actitud de negación de la realidad que mantuvo Trump cuando cuestionó el recuento de los votos y se negó a aceptar la derrota frente a Biden. Trump pidió a los suyos que creyeran algo tan imposible como falso.
Lo que el PSOE y muchos de sus socios pretenden es que ignoremos los abrumadores indicios de que Zapatero se dedicaba al tráfico de influencias, de que cobraba por informes inexistentes, de que aceptaba regalos improcedentes y de que, en resumidas cuentas, fingía ser lo que no era. No hay más que leer el documento de la UDEF y sus mensajes para darse cuenta de que lo único que le importaba es el dinero.
Pero lo peor es que la izquierda cerró los ojos ante su complicidad con China y Venezuela, dos regímenes criminales. No es una casualidad que los ‘esfuerzos humanitarios’ de Zapatero estuvieran orientados a esos países donde la corrupción permite hacer negocios y no a paliar las hambrunas en África o los abusos de dictadores del Tercer Mundo. Todo ello nos lleva al doble rasero moral de la izquierda, que se proclama superior a la derecha, pero cierra los ojos ante las flagrantes violaciones de derechos humanos en países como Cuba o Venezuela. Como el fin no justifica los medios, igualmente repugnante es una dictadura militar de derechas que un régimen totalitario comunista.
El «tiene que explicarlo» es un recurso para evitar reconocer hechos tan obvios como la inmoralidad y la hipocresía de Zapatero, el mayor farsante político que ha habido en España desde la Transición. Su conducta, al margen de su responsabilidad penal, no ofrece dudas. Mejor que no explique nada. Me quedo con una frase de Voltaire: «Quienes creen que el dinero lo hace todo, terminan haciéndolo todo por dinero».