- No es casual que las encuestas hayan sido publicadas por ambos periódicos afectos al Gobierno, en coincidencia con el CIS, en pleno tsunami de corrupción judicializada y con Sánchez y sus ministros pretendiendo desacreditar a jueces, investigadores y periodistas para intentar deslegitimar los procedimientos
La salud de una democracia no se mide sólo por la limpieza de sus elecciones o por la solidez de sus instituciones o por el comportamiento de sus gobiernos. También se mide por la independencia de quienes, como la prensa, vigilan el poder y, cuando los medios dejan de ejercer esa función y se instalan en la comodidad del aplauso gubernamental, fracasa el periodismo y se debilita la libertad. De siempre se ha dicho que el periodismo es el cuarto poder, una expresión incompleta porque el buen periodismo no debe aspirar a ser un poder, sino el contrapoder del poder. Su misión no es gobernar, sino preguntar; no es justificar al gobierno, sino investigarlo cuando la situación lo exige y no es proteger a quienes mandan, sino a los ciudadanos y su derecho a conocer la verdad.
George Orwell escribió que «periodismo es publicar aquello que alguien no quiere que publiques; todo lo demás son relaciones públicas», frase que nos recuerda que cuando la información se convierte en propaganda, el medio que la publica deviene en un agente de comunicación del poder. Y si un gobierno o su presidente, como Sánchez, afronta acusaciones graves de corrupción, abuso de poder, rasgos autocráticos o iliberales, nepotismo, etc., la obligación ética y honesta de los medios no consiste en amortiguar el golpe de las acusaciones para minimizar el daño político o desviar el foco de la atención hacia el adversario, o sea, la oposición política, con noticias interesadas o encuestas fabricadas ad hoc, sino en investigar.
Viene a cuento este exordio porque, de forma sospechosa y coincidente con el estado de corrupción judicializada que cerca a Sánchez, dos de sus periódicos de cabecera, El País y La Vanguardia, han salido en su auxilio esta semana con la publicación, junto al CIS del desvergonzado Tezanos, de sendas encuestas que sugieren estar hechas de encargo y a medida como un traje, con el objetivo de justificar los ataques a la Justicia que desde el gobierno y el PSOE se dirigen para deslegitimar o desacreditar las investigaciones y los procedimientos abiertos sobre la corrupción sistémica que afecta a Sánchez y a su partido. Diera la impresión con su publicación de que el problema de España no es la corrupción de Sánchez sino la justicia y sus representantes.
Las encuestas, mediante preguntas trampa y falaces orientadas para conseguir las respuestas buscadas, cuestionan la independencia de los jueces y dan por hecho, en línea con el mensaje del sanchismo, la existencia de lawfare en España; destacan que los casos referidos al PSOE son más conocidos que los del PP y que uno de cada tres encuestados cree que los jueces tienden a favorecer a la derecha. A esos titulares se les pueden objetar datos y hechos que cuanto menos, contradicen el resultado e incluso lo desmienten. Es lógico y obvio, por ejemplo, que sean más conocidos los casos del PSOE que los del PP, porque la corrupción actual está enquistada en el partido y en el Gobierno de Sánchez, mientras que los casos del PP forman parte del pasado y algunos están ya juzgados y sus protagonistas sentenciados y condenados.
Con 126 imputados, incluida la familia de Sánchez, sus dos secretarios de organización en el PSOE, su tesorera y gerente; su mentor, el expresidente Zapatero, tres presidentes de la SEPI, un exministro de su gobierno condenado, además de su fiscal general del Estado etc.., parece obvio que los encuestados conozcan más estos casos que los pretéritos del PP.
A quienes, según las encuestas, opinan que los jueces favorecen a la derecha, habría que recordarles que también esos jueces investigaron, procesaron y condenaron las corruptelas y desmanes de exministros y presidentes autonómicos populares, alcaldes y altos cargos del PP, con cárcel para algunos de ellos, como consecuencia de los casos destapados antes y durante la etapa de gobierno de Rajoy. Y los que afirman que hay más jueces de ideología de derechas que de izquierdas y que favorecen a la derecha con sus decisiones para demostrar la existencia de lawfare, deben saber que las dos causas abiertas más graves, las referidas a las cloacas de Ferraz con su derivada sobre la presunta financiación ilegal del PSOE y al expresidente Zapatero, están siendo investigadas e instruidas por Pedraz y Calama, jueces que no están precisamente en la órbita conservadora de la magistratura. A Santiago Pedraz, en el PP algunos le llamaban irónicamente «juez Ferraz» en alusión a una supuesta querencia socialista, totalmente injusta.
Las encuestas, de dudosa honestidad desde un análisis periodístico, son nocivas para la salud de un Estado democrático porque, con el pretexto de haberse realizado, supuestamente, de forma neutral y objetiva y no en las Casas del Pueblo socialistas, como podría deducirse por los titulares y resultados de las mismas, justifican los ataques del sanchismo contra jueces y fiscales anticorrupción, al sugerir que actúan por criterios políticos personales o de la oposición. Un argumento peligroso que cuestiona nuestro sistema judicial, la división de poderes y la independencia de los jueces con el único fin de deslegitimar su trabajo cuando no favorecen los intereses de quienes desde el poder pretenden ser inmunes y así delinquir con impunidad.
No es casual que las encuestas hayan sido publicadas por ambos periódicos afectos al Gobierno, en coincidencia con el CIS, en pleno tsunami de corrupción judicializada y con Sánchez y sus ministros pretendiendo desacreditar a jueces, investigadores y periodistas para intentar deslegitimar los procedimientos abiertos.
Y es que hay medios que parece que han sustituido el verbo investigar por el de justificar , olvidando que cada portada edulcorada o cada información o editorial publicados con ánimo de agradar y no incomodar a quienes tienen el poder , no sólo supone un jirón arrancado a la libertad sino también a la propia democracia que observa como sus perros guardianes devienen en perritos falderos, en este caso , de Sánchez y su partido. Y cuando esos medios confunden intencionadamente el interés del Gobierno con el interés general están sustituyendo el periodismo por un activismo político impulsado por redactores de coartadas para maquillar , ocultar o justificar las tropelías y corruptelas del poder.