Agustín Valladolid-Vozpópuli
- Ya nos avisó Roberto Saviano del imparable avance del narco en España, pero la confrontación política hace inviable una respuesta contundente como la de Francia
Uno de los efectos más sangrantes de esa calamidad que es la política española es el de no prestar apenas atención a asuntos de gran importancia y creciente gravedad. Damos cuenta del hecho, sí. Un ajuste de cuentas, asesinato en Marbella, el último tiroteo. Pero no perdemos tiempo en contextualizarlo, en apuntar más allá del dedo. Partidos y medios de comunicación andan tan engolfados con el corrupto nuestro de cada día que no dedican (dedicamos) apenas tiempo ni a denunciar ni a gestionar problemas de silencioso y formidable impacto social.
Cuando este jueves vi la portada del prestigioso semanario francés Le Nouvel Observateur y leí el artículo de su directora, “La República contra la mafia”, recuperé unas notas tomadas hace meses tras una larga conversación con un experto de la lucha contra el narcotráfico. Habían muerto no hace mucho dos guardias civiles, arrollados por una narcolancha en la entrada del puerto de Barbate (9 de febrero de 2024). Vi subrayada esta frase: “Estamos superados. O dedicamos muchos más recursos a combatir al narco o el narco acabará consolidando un Estado dentro del Estado”.
Los especialistas consultados por la revista francesa concluyen que frente a los extraordinarios recursos de las mafias -se refieren en concreto a la mafia DZ, que tiene su centro de operaciones en Marsella-, las viejas respuestas ya no sirven. La mayoría de los franceses, al igual que los españoles, ven el tráfico de drogas como un mero problema de orden público instalado en la periferia de las grandes ciudades. La realidad es otra mucho más inquietante: un mercado que mueve en Francia 7.000 millones de euros al año”.
Francia reacciona
Francia ya va tarde. La directora de L’Obs, Cécile Prieur, recuerda en su texto que en enero de 2025 entrevistaron a Roberto Saviano: “Francia ya está corrompida”, era el titular de portada y la conclusión a la que llegaba el periodista italiano, experto en narcotráfico y condenado a muerte por la mafia. Francia iba tarde, pero ha reaccionado. En junio del pasado año aprobaba una nueva legislación, “un auténtico arsenal antimafia, inspirado en los métodos de la justicia italiana frente a la Cosa Nostra”.
Prisiones de alta seguridad para aislar a los cabecillas; endurecimiento de sanciones; “más medios para golpear a los traficantes en el bolsillo, persiguiendo el blanqueo de capitales y asfixiando las redes logísticas”; nuevo estatuto del arrepentido: la ley francesa contempla la exención total de la pena de prisión para el primer miembro de la red que denuncie el entramado antes de que cause efectos mayores, o rebajas drásticas automáticas bajo el control de la Fiscalía Nacional contra el Crimen Organizado.
¿Y España? ¿Qué hace España? Vuelvo a mis notas: “Las mafias del narcotráfico manejan anualmente en España entre 30.000 y 50.000 millones de euros. No son cifras oficiales, porque solo emerge una parte del negocio. Se trata de estimaciones que parten del valor de la droga incautada por las fuerzas de seguridad cada año: entre 8.000 y 10.000 millones de euros”.
Cifras mareantes, pero que podemos aterrizar para mejor comprenderlas con un ejemplo. Medios del Servicio Marítimo en el sur: unas 30 patrulleras, algunas de ellas operando al límite de su capacidad debido a su antigüedad. Mafias: las estimaciones más fiables hablan de alrededor de 600 narcolanchas, de gama media (8-10 metros de eslora) o de gama alta (12-14 metros con tres o cuatro motores cada una de 350 a 450 caballos de potencia).
Matan poco (hasta ahora), pero blanquean mucho
España no es que vaya tarde; es que no va. Ya nos lo advirtió Saviano cuando hace años vino por aquí a presentar La banda de los niños. Dijo: 1) La atención que se presta en España a la criminalidad organizada es escasa; 2) El narcotráfico ha invertido grandes cantidades de dinero en sectores como el turismo, la hostelería y la especulación inmobiliaria, especialmente en Cataluña, Andalucía y las islas; 3) No hay arrepentido italiano que en sus deposiciones ante la Justicia no se haya referido a España como su propia casa; 4) No hay grandes investigaciones judiciales contra la mafia o el narco en España; 5) Las últimas operaciones antidroga en Europa, en Alemania, Italia o cualquier otro país, tienen algo en común: el punto de partida siempre estaba en España; y 6) España es la puerta de la cocaína en Europa.
Esto es de 2017. ¿Qué ha cambiado? Nada. En ausencia de una potente mafia local, aquí operan casi todas las que pintan algo a nivel internacional (451 en total). Son más discretas que las francesas. Matan poco, que dijo también Saviano (aunque aquí la fuerte competencia está provocando un significativo aumento de la estadística). Pero blanquean mucho. Cuando pueden compran policías y guardias civiles; y funcionarios; y políticos. Y no estamos hablando de casos aislados.
En España hay lugares por todos conocidos que son refugios estables de los mafiosos, y en los que los capos saludan cortésmente a la señora entradita en años y muy enjoyada que cena en el restaurante situado a pocos metros del amarre en el que aquel, el capo, o el capetto, acaba de atracar (nunca el uso del verbo fue tan apropiado) su yate. Las cifras oficiales hablan de 10.000 millones. Pero esa cantidad es solo la espuma del negocio.
De corrompido a corruptor
El último Informe de Seguridad Nacional cataloga el crimen organizado ligado al narcotráfico como una “amenaza para la seguridad nacional”. ¿Y entonces? Entonces nada. O casi nada. ¿Endurecer la ley? ¿Blindar al arrepentido? ¿Destinar extraordinarios recursos, que hay que sacar de otro sitio, a una empresa sin ningún impacto político (léase electoral) a corto plazo? ¿Diseñar en serio un plan nacional para combatir el modelo de sociedad que poco a poco va injertando el narco?, basado, como describe un magistrado francés en L’Obs, en la “ley del más fuerte, la explotación de los más débiles y el nihilismo”.
Lo que, en relación a España, más ha llamado la atención de Saviano, ha sido la actitud de su sociedad y sus líderes políticos. Le extrañaba, y le extraña, que a pesar de que el país esté lleno de mafiosos el tema casi no asome en el debate público y en las campañas electorales. “Esto en parte se debe -añadía-, a que el capital del crimen organizado beneficia aparentemente al sistema financiero, lo que genera una peligrosa ceguera o falta de voluntad institucional para investigar los niveles más altos de corrupción y blanqueo”. ¿Exageraba?
Lo que parece evidente es que en estos años hay aspectos de aquel viejo diagnóstico aún más desasosegantes. Entre ellos el que quizá es el más grave: la constatación de que, como este, hay asuntos de enorme trascendencia a los que la parálisis y la confrontación en las que se ha instalado la política española convierten en inabordables.
“Francia ya está corrompida”, advirtió Saviano. El problema añadido de España, puerta oficial y a la vez clandestina de la entrada de la droga hacia el viejo continente, e inmersa en un sigiloso proceso de mexicanización, es que corre el riesgo de pasar de corrompido a país corruptor.