Pablo Martínez Zarracina-El Correo

  • La influencia textil en el sentimiento de pertenencia nacional está por determinar

Falta un día y cada vez sabemos más cosas sobre la final del Mundial. Por ejemplo, que el alcalde de Bilbao la verá, pero sin pasión. La alcaldesa de Vitoria la verá con más interés porque ayer apareció con la camiseta de la selección. Es la misma camiseta que llevaba el ciudadano al que el viernes agredieron en el Paseo de la Concha justamente por eso: por llevarla. La violencia en el País Vasco es un fenómeno enraizado y adoctrinador: golpea a uno y asusta a cien. Fue hace dos años, en la Eurocopa de Alemania, cuando el uso de camisetas de España entre los jóvenes llamó la atención hasta el punto de que en Radio Euskadi le preguntasen por ello a Arnaldo Otegi.

El líder de Bildu respondió de un modo curioso: él no estaba viendo tantas. Y eso que por entonces la camiseta problemática ni siquiera era bonita. Ahora la blanca de la segunda equipación es un objeto de deseo. La importancia del factor estético-textil en el sentimiento de pertenencia nacional está por determinar, pero entre nuestros ortodoxos identitarios avanzados se maneja estos días la idea de apoyar a Argentina en la final. De hacerlo incluso frente a las pantallas gigantes que se instalarán en algunos lugares. Por desgracia, una vez que se rebasa el límite paródico la complejidad se vuelve infinita y la opción de argentinizarse ha comenzado pronto a mostrar problemas insalvables, entre ellos la relación entre el país hermano e Israel y el escaso manejo del catalán que demostró Messi en sus veintitantos años en Barcelona.

Como se ve, el ‘termismo’, la obsesión incansable y enrevesada, no es exclusiva de los aficionados argentinos, que estos días preparan la final intentando gafar a sus rivales. Lo hacen por ejemplo -el repertorio llega atávico desde el sur de Italia- felicitándolos de antemano por la victoria. Si se desea caer en la obsesión paranoica, la ‘mufa’ debe anularse de viva voz: anulo mufa. Que nosotros le prestemos más credibilidad a los asesores de imagen que a la suerte explica que Pedro Sánchez anunciase ayer que viaja a la final de Nueva Jersey, donde se encontrará con Trump. A la final de 2010 no viajó nadie del Gobierno porque, además de un país en crisis, tenían la semana entrante el debate sobre el estado de la nación. Otros tiempos. El domingo Sánchez no se encontrará con Milei. El presidente argentino está viendo todos los partidos de su selección en la Quinta de Olivos con una cazadora de la petrolera YPF puesta «por cábala», o sea, porque trae suerte. Para que la ciudadanía sepa de su sacrificio, Milei ha especificado los niveles de transpiración que la cazadora en cuestión le provoca.

Cataluña

Tenerlo a huevo

Si en algún momento Óscar Puente pareció contener multitudes – desde el munícipe al gestor, pasando por el aficionado al teatro y el furioso agente partidista-, cada vez está más claro que en su interior solo habita el pelotón de linchamiento. El modo en que el ministro ha sido devorado por el agitador sería asombroso si no sugiriese una pregunta inmediata: ¿pero quién diablos se ocupa del ministerio de Transportes? A continuación, uno recuerda que el anterior ministro era Ábalos y lo que se plantea es cambiar su próximo viaje en tren por uno en poni. Ayer Óscar Puente se fue a la radio pública e interpeló a Puigdemont. Le dijo que, tras el fallo de la Justicia europea, él regresaría a España de estar en su pellejo porque «lo tendría a huevo». ¿A huevo para qué? Parece que para entrar en la cárcel, algo que bien mirado Puigdemont siempre ha tenido a su plena disposición.

La idea de Puente es que la detención demuestre que «yo no puedo circular libremente por un país que ha decidido libremente que yo sea libre». Ese país, le faltó añadir, que yo gobierno. Puente le pidió además al expresident fugado un poco de «liderazgo político» mientras cargaba contra los jueces refiriéndose a los casos de la mujer y el hermano del presidente Sánchez. Si se fijan, los nueve funcionarios condenados igualmente en Badajoz no le importan a nadie. Con ironía anglo-chilena, el abogado Gonzalo Boye respondió al ministro de Transportes que, si su cliente coge uno de sus AVE para regresar, es muy probable que antes que él llegue la resolución definitiva del Tribunal Supremo.