Luis Ventoso-El Debate
  • La entrevista de Zapatero en TVE era claramente un encargo desde arriba, pero solo le ha servido para enterrarse todavía un poco más

Aunque sabido y esperado, siempre resulta curioso constatar lo poco que ha cambiado el hombre durante siglos, y hasta milenios. Manejamos una tecnología tan asombrosa que empieza a superarnos (la IA ya da miedo). La producción intelectual nunca fue tan copiosa. Jamás hubo tal volumen de población educada. Sin embargo, seguimos matándonos en guerras con la misma inquina violenta de la edad de piedra.

Ojeas la Odisea, la Biblia y los dramas de Shakespeare y te encuentras con las mismas ambiciones, pasiones, virtudes y pecados que zarandean al hombre digital del siglo XXI. Los seres humanos seguimos sucumbiendo a las tentaciones de siempre: la codicia, la soberbia, los reclamos concupiscentes, el culto al becerro de oro, la envidia… Los católicos sabemos que todos somos pecadores, y también que todos podemos obtener el perdón. Por eso me resulta más fácil perdonar que Zapatero se haya destapado como un chori, movido por la avaricia, que pasar por alto su perniciosa labor como presidente, cuando abrió la caja de Pandora de todos los males que luego se han extremado con la destemplada psicología de Sánchez.

Cuento todo esto para reconocer a las claras que albergo una pésima opinión de José Luis Rodríguez. Fue el segundo peor presidente de nuestra democracia, el que reabrió el guerracivilismo, dio alas a los separatistas y se encamó con ellos mientras levantaba un cordón sanitario contra la derecha (amén de su irresponsable gestión económica negando la crisis). Ahí es donde realmente hizo un daño muy profundo a España, más que con sus andanzas como pícaro internacional.

Sin embargo, el Zapatero comisionista se ha convertido en un problema mayúsculo para una persona muy concreta: Sánchez. Si Zapatero logró trincar medio millón del rescate de Plus Ultra aprobado por el Gobierno, necesariamente hubo de mediar ante el Ejecutivo para lograr que diese luz verde a tan absurda operación (fue un rescate en nombre del «interés público» de una compañía con un solo avión, medio venezolana y empufada hasta las orejas). ¿Y quién corta el bacalao en el Gobierno hasta el extremo de que allí no le tose nadie? Evidente: Mi Persona. Es decir, es imposible que Zapatero lograse sacar adelante tan estrafalaria medida sin pedir su plácet al One.

Todo esto guarda relación con la aparición de Rodríguez Zapatero en el programa en TVE de Javier Ruiz, el más entregado apologista del sanchismo. Allí el expresidente y ahora mascota del PSOE se sometió a unas preguntas de baño y masaje tras sesenta días largos escondido. No es difícil imaginar la génesis de la entrevista. Tormenta de ideas de las docenas de asesores monclovita, y finalmente el One mandando un recado al comisionista: «José Luis, me estás j… bien. Tienes que mover ficha, porque esto se puede llevar al partido por delante, y hasta puede ser perjudicial para Mi Persona. Hay que salir a decir algo. Vete a lo de Ruiz en La 1, que es amigo, preparamos una entrevista a la carta y lo niegas todo. Hasta la última coma».

Dicho y hecho. Un Zapatero ojeroso, pero con el mismo aplomo de siempre para el arte de la trola, compareció ante un Ruiz que a ratos hacía como que preguntaba en serio, pero solo para aplicar pomada en la siguiente cuestión. La capacidad hipnótica de Zapatero, si es que alguna vez la tuvo, está agotada. El show no engañó a nadie. Evitó confrontar con Julito -«un amigo»-, no vaya a ser… Dio unas explicaciones surrealistas sobre las joyas, que aparecieron en su caja fuerte por ensalmo y además «no tenían uso ni destino» (frase para los anales, que deben copiar todos los manguis a los que a partir de ahora pillen in fraganti con el botín). Por supuesto «no tuve ni una sola influencia ni hablé con nadie de la Sepi y del Gobierno sobre el rescate de Plus Ultra». Es decir, le apoquinaron el medio kilo por su voz de barítono y su sonrisa postiza. Fue incapaz de aportar una sola explicación concreta sobre ninguna de las golfadas que se le atribuyen y se excusó constantemente en que «hay que respetar los tiempos del procedimiento judicial».

Casi tuve que sacar un clínex para enjugar las lágrimas cuando el bueno de José Luis denunciaba, muy compungido, que en España se filtra el contenido de los casos judiciales. Curioso lamento, toda vez que durante su etapa como presidente del Gobierno el juzgado de Garzón parecía un pupitre más de la redacción de El País.

Fue la imagen de un hombre derrotado intentando ganar tiempo para él y para el dedo superior que le ordenó ir a la televisión. Pero el juez no es Javier Ruiz. Todo avanza hacia una salutífera estancia junto a Ábalos y Koldos en ciertos pagos serranos donde corre un aire tan limpio como sucias fueron las andanzas de esta tropa, socialistas del partido de los más de cien años de honradez (y varios lustros de trinking).