Bieito Rubido-El Debate
  • Ahora bien, en un pacto necesitas reconocer tus errores. No todo se explica con el cambio climático y el calentamiento global. De hecho, el calentamiento no es el que prende el fuego

España está ardiendo por las cuatro esquinas de su geografía. Que nadie lance las campanas al vuelo: una chispa, un pirómano o una mala persona aparece en cualquier momento. Entonces es cuando algo nuestro se quema. En cada metro cuadrado que arde, en cada árbol calcinado, perdemos todos. Dilapidamos un patrimonio común. En los últimos tiempos lo común está fuera de moda, fuera de onda, que dirían los mexicanos. Sin embargo, lo común, el bien común, debería ser lo que de verdad funcionase como catalizador de la acción política, esa que debe estar presidida por la buena voluntad. Estamos obligados a creer que la buena voluntad es la que preside la acción de nuestros gobernantes en la crisis de incendios. No podemos imaginar que la maldad llegue a esos extremos.

Un dato, de todos modos, debe llevarnos a la reflexión de que algo estamos haciendo mal, aunque unos más que otros. La superficie forestal quemada en España en lo que va de año se ha duplicado en las últimas dos semanas y se acerca ya a las 120.000 hectáreas. Pedro Sánchez, ese hombre que ocupa la Moncloa sin haber ganado las elecciones, pide un pacto nacional contra el fuego. Nada me parece mejor. Pocas cosas más democráticas que un pacto. En ese acuerdo se unen voluntades al mismo tiempo que se reconoce que necesitas al otro. Adelante con ello. Ahora bien, en un pacto necesitas reconocer tus errores. No todo se explica con el cambio climático y el calentamiento global. De hecho, el calentamiento no es el que prende el fuego. Además, si es cierto, lo vamos a tener ahí para los próximos años, así que habrá que arreglarlo antes.

Habrá que cambiar las políticas de supuesto cuidado del monte y su limpieza, que hasta ahora se ha prohibido por una mala interpretación de la defensa del bosque. Habrá que crear unidades especiales de la Guardia Civil para combatir a los delincuentes que incendian. Corregir el Código Penal y sus penas en esta materia. Preparar una fiscalía especial y, sobre todo, preocuparse de la masa arbórea de nuestro país todo el año. También en esto es más importante la prevención que la posterior acción de los bomberos.

De paso, en ese pacto estará bien que los ministros que echan fuego por su boca y son incapaces de mostrar la más mínima empatía con quienes sufren los incendios, tipo Óscar Puente el verano pasado, se callen y contribuyan a que la hoguera gigantesca social no acompañe al siniestro abrasador que se lleva millones de árboles por delante. Por no hablar de un uso correcto de los medios públicos a la hora de informar. El espectáculo de TVE ayer, tratando de rentabilizar en favor del PSOE la desgracia forestal madrileña, fue nuevamente de vómito. Como si el bosque, el monte y los animales que allí habitan no fueran patrimonio común de todos.

Es cierto, necesitamos un pacto, pero no tanto para luchar contra los incendios forestales como para saber actuar en todas las direcciones en la defensa de la Naturaleza y también del achicharrado ciudadano que no entiende nada.