Mikel Etxebarria Dobaran-El Correo

  • La forma más exitosa de desacreditar cualquier reclamación, por muy justa que sea como la de la selección vasca de fútbol, es utilizando la violencia

Acabo de leer ‘Historias de fantasmas’, de la escritora Siri Hustvedt, que es una obra muy personal en la que muestra su relación, su amor y su duelo respecto a su marido fallecido, el también escritor Paul Auster. En ella menciona el consejo que le dieron cuando se encontraba bloqueada y con la mente en blanco: «la escritura automática», que viene a ser ponerse en faena, lanzarse a escribir y luego corregir.

Me pongo a escribir. Creo que más que referirme al deporte, aunque lo parezca, voy a tratar del sentido común y de la inteligencia natural. Seguí el Mundial de un deporte que me encanta, el fútbol. En concreto, la final la vi con mis nietos en Cataluña. Nos juntamos con un grupo de amigos de los chavales y estos con sus familias. Algunos llevaban camisetas rojas y otros blancas de la Selección española, varios llevaban camisetas del Barça y mis nietos, que no se las quitan ni para dormir, las del Athletic; la mía, y eso que tengo unas cuantas, me la había dejado -craso error- en Bilbao. Como todos sabemos, partido largo y con nervios por el resultado, más que por el juego. Nos alegramos enormemente del triunfo y de la brillante participación (en todo el Mundial) de los abundantes catalanes y vascos del equipo. La chavalería, y algún adulto, acabó, para celebrarlo, dándose un chapuzón nocturno en la piscina comunitaria.

Mis nietos, mis hijos, mi mujer, mis hermanos y toda la parentela somos del Athletic. Yo al menos, no soy -no he hecho ni voy a hacer una encuesta al resto- de la Selección española. Me gustaría tener una selección vasca que pueda competir en partidos oficiales. Además, seguramente no habría hecho mal papel en el Mundial, teniendo en cuenta que había unos cuantos jugadores vascos, que también juegan en ella. La selección vasca tiene además más antigüedad que la española; le ocurre como al Athletic, que es el decano de Primera División.

Respetando otras opiniones, creo que hay que ser prácticos y, en tiempos de inteligencia artificial, usar un poco la inteligencia natural. Ya he dicho que me encantó el merecido, por otra parte, triunfo de la Selección española, al participar, además, con varios jugadores del Athletic, el seleccionador fue campeón de Liga (dos veces), Copa y Supercopa con el equipo en los años 80 y con otros jugadores vascos, todos ellos con gran protagonismo en todo el Mundial.

Lo que no es de recibo es lo que ocurrió en algunos lugares, por ejemplo, en Bilbao y en algún pueblo navarro. Las cobardes agresiones e inusitada violencia, cometidas por grupos vandálicos a chavales, simplemente por llevar la camiseta de la Selección española o intentar ver la final en público. La forma más exitosa de desacreditar cualquier reclamación, por muy justa que sea, es utilizando la violencia; solo hay que valorar la muy negativa contribución del terrorismo que hemos sufrido tantos años a la libertad, la paz, la democracia, el respeto y la prosperidad económica de Euskadi.

También conviene decir que el fútbol es solo un juego; eso sí, demasiado mercantilizado y politizado, pero no deja de ser más que un divertido entretenimiento. Me van a permitir la ironía de proponer que, como se alega, aunque existen excepciones -en el propio fútbol en otros lares y aquí en otros deportes-, que sin tener liga propia o sin ser Estado no se puede tener una selección oficial, igual hay que ir más por la vía política, es decir, aspirar a tener un Estado propio -eso sí, de manera pacífica, democrática y con mayoría cualificada-, más que por la vía meramente deportiva -que lleva fracasando muchos años-, ya que así se conseguiría tener selecciones oficiales en todos los deportes. En fin, creo que mis ojos no lo verán, pero por apuntarlo, que no quede.

Por otra parte, a veces se alega también que es contradictoria la inquietud intelectual con el deporte. Paul Auster, el marido de Siri Hustvedt, era un enamorado del béisbol. A Ernest Hemingway le encantaba el boxeo. Tuvieron una inusitada pasión por el fútbol, entre otros, Albert Camus y Ernesto Sábato. Lo de ‘mens sana in corpore sano’ siempre ha estado vigente.

Siri Hustvedt en su mencionado libro nos recuerda lo que decía Martin Luther King: «No basta con que la gente esté enfadada, la tarea suprema es organizarse y unirse para que la ira se convierta en una fuerza transformadora»; en otras palabras, que la ira sea disciplinada, controlada. Desde luego no siguieron ese consejo ni los que le asesinaron a él, ni los ‘valientes’ descerebrados mencionados anteriormente.

Mi humilde opinión es que utilicemos el sentido común para alegrarnos de tener a unos cuantos vascos campeones del mundo en el deporte más seguido en el orbe. Y eso no quita para que los que queremos una selección vasca que compita oficialmente, aspiremos a ello con respeto, método, estrategia y cordura.