Rosa Martínez-Vozpópuli

  • El Gobierno descubre de pronto que una central nuclear produce electricidad aunque no haga sol ni sople el viento

Hay decisiones que el Gobierno anuncia con rueda de prensa, ministros sonrientes, infografías de colores y Pedro Sánchez caminando muy deprisa por algún pasillo. Y luego hay decisiones que aparecen en el BOE, como si el Boletín Oficial del Estado hubiera tomado la decisión por su cuenta mientras el Gobierno estaba en la playa. El BOE ha publicado la orden que permite a los dos reactores de la central nuclear de Almaraz seguir funcionando hasta el 8 de junio de 2030. Hasta ahora, Almaraz I tenía autorización hasta noviembre de 2027 y Almaraz II hasta octubre de 2028.

El Ministerio también publicó una nota de prensa, no se puede decir que hayan intentado ocultarlo. Pero si uno quisiera comunicar de la manera más discreta posible que acaba de retrasar varios años el inicio del cierre nuclear español, cuesta encontrar una fórmula mejor: viernes 14 de agosto, BOE y una nota titulada “El BOE publica la orden ministerial…”. A ver si entre la playa, el eclipse, las fiestas del pueblo y encontrar una mesa para cenar nadie se entera demasiado. Pero lo verdaderamente interesante no es que Almaraz siga abierta. Es descubrir por qué.

Algo que no conocemos

Resulta que tenemos incertidumbre en los mercados energéticos internacionales, precios elevados y volátiles de los combustibles fósiles y una dependencia exterior del gas que nos hace vulnerables. El Gobierno explica además que mantener Almaraz reduce esa dependencia y contribuye a moderar nuestra exposición a los picos del precio del gas mientras siguen desarrollándose las renovables y el almacenamiento. Qué cosas descubre uno cuando necesita electricidad.

Las cifras tampoco ayudan al relato. Según el propio Ministerio, mantener Almaraz permitiría reducir un 7% la generación con gas en 2030 y apenas un 1,4% la generación renovable. Vamos, que de pronto resulta que la nuclear que había que cerrar reduce nuestra dependencia del gas, nos protege de sus vaivenes de precio y apenas molesta a las renovables. Una pena que todas esas virtudes caduquen el 8 de junio de 2030. Debe de haber algo previsto para el día siguiente que todavía no conocemos. Quizá el gas deje de cotizar en mercados internacionales, Oriente Medio alcance la paz eterna, Rusia descubra una inesperada vocación franciscana y las noches sin sol ni viento sean abolidas mediante real decreto.

Porque el Gobierno insiste en que esta prórroga es “limitada y coyuntural” mientras las renovables y el almacenamiento avanzan como soluciones estructurales. Perfecto. Pero que dentro de cuatro años tengamos más renovables y más capacidad de almacenamiento no convierte automáticamente en inútil una fuente de energía que, según el propio Gobierno, reduce nuestra dependencia del gas y apenas interfiere con esas mismas renovables. Sobre todo cuando uno de los argumentos utilizados para justificar la prórroga está calculado precisamente para 2030. Ese año, según sus propias cuentas, Almaraz permitirá quemar menos gas. Y ese mismo año tenemos que cerrarla. Supongo que el 7% también caduca.

Sumar se hace el ofendidito

Naturalmente, nadie puede garantizar hoy que la central pueda seguir funcionando con seguridad en 2035. La autorización llega hasta junio de 2030 porque hasta esa fecha alcanza la revisión de seguridad vigente y cualquier prolongación posterior tendría que volver a ser evaluada por el Consejo de Seguridad Nuclear. Pero esa es precisamente la cuestión: si llegado ese momento el CSN concluyera que puede continuar operando, ¿qué razón energética obliga a cerrarla? No lo sabemos.

Lo que sí sabemos es que el Gobierno acaba de poner por escrito que Almaraz reduce nuestra dependencia del gas, limita nuestra exposición a sus precios, apenas interfiere con el crecimiento de las renovables y sigue siendo útil para el sistema eléctrico. Y Sumar está indignadísimo. Acusa al PSOE de incumplir el acuerdo de Gobierno, de ceder ante el oligopolio energético y de poner en peligro la transición ecológica. Porque, al parecer, el verdadero problema no es saber si resulta conveniente mantener abierta una central nuclear, sino que alguien se atreva a comprobarlo.

Eso sí, la indignación tiene sus límites. No tantos como para abandonar el Gobierno, naturalmente. Existe una escala perfectamente calibrada para el enfado de los socios de Sánchez: primero se emite un comunicado, después se acusa al PSOE de traición o incumplimiento, luego aparece algún oligopolio y finalmente todos vuelven al Consejo de Ministros hasta la próxima afrenta intolerable. El cargo público también es una energía renovable: jamás se agota.

Depender del gas tiene riesgos

Lo de Almaraz tiene así una doble virtud. Por un lado, obliga al PSOE a reconocer que algunas de las razones por las que defendía el cierre nuclear pesan bastante menos cuando hay que garantizar electricidad, reducir el consumo de gas y pagar la factura. Por otro, obliga a Sumar a representar una vez más esa curiosa modalidad de oposición que consiste en denunciar las decisiones del Gobierno desde dentro del Gobierno sin que ninguna sea nunca lo bastante grave como para dejar de pertenecer al Gobierno.

Y mientras tanto, Almaraz sigue produciendo electricidad. No han descubierto que estuvieran equivocados. Han descubierto que las circunstancias han cambiado. Lo curioso es que esas nuevas circunstancias les han permitido descubrir a su vez algunas cosas bastante antiguas: que depender del gas extranjero tiene riesgos, que una central nuclear produce electricidad aunque no haga sol ni sople el viento y que cerrar una fuente de generación antes de tener perfectamente resuelto cómo sustituirla puede no ser una idea extraordinaria.

Todo eso sirve ahora para mantener Almaraz abierta hasta junio de 2030. Después, por lo visto, caduca la realidad.