Editorial-El Correo

  • Las amenazas del presidente de EE UU a Omán y el plante a Corea del Sur avivan la desestabilización y le retratan incapaz de imponerse a Irán y Pyongyang

La inestabilidad sembrada por Donald Trump en su segundo mandato parece no tener límites. Descargó sus primeras imposiciones sobre sus vecinos de frontera -México y Canadá-. Saltó después a Europa con presiones sin precedentes a sus socios en la OTAN. Dio alas a Putin en sus ataques a Ucrania, en una invasión que hoy se recrudece. Y concentró su errática política exterior en Oriente Medio, donde se ha revelado incapaz de salir del atolladero, asfixiado en Ormuz y con una fallida tregua en Gaza. Con todos los frentes abiertos, el presidente de Estados Unidos ha ampliado su particular campo de batalla hacia Asia al poner el foco de su desorden en la península de Corea, zona estratégica para las democracias occidentales por su papel de contención de China y de la siniestra dictadura de Kim Jong-un.

La desestabilización se extiende. Cuando Trump amenaza con bombardear Omán para que no pacte con Irán el control del estrecho, también lo hace sobre un aliado de sus tropas en el Golfo Pérsico. Cuando planta a Corea del Sur al reducir los ejercicios militares conjuntos, envía un mensaje de complicidad a Pyongyang, el régimen más hermético del mundo. Lejos de imponerse a las dictaduras, erosiona alianzas estratégicas que han costado a Occidente décadas de esfuerzos, diplomacia y presupuestos. El recorte de las maniobras con Corea del Sur debilita la capacidad operativa y de disuasión frente al desafío del hostil vecino del norte, que suma once lanzamientos de misiles balísticos en lo que va de año, y deja a una democracia consolidada a los pies de los caballos. Militar y comercialmente, porque el país que preside Lee Jae-myung es un socio trascendental para Europa: Seúl domina sectores claves en el suministro tecnológico e industrial, además de suministrar armamento al flanco este de la OTAN más expuesto a Rusia. El repliegue estadounidense afecta a la seguridad y economía de la UE.

Aunque dé la impresión de haber encendido ya todas las alarmas inimaginables, desestabilizar la península de Corea añade riesgos a un territorio que permanece en un delicado equilibrio, con Japón expectante a cualquier movimiento del eje China-Rusia- Corea del Norte. Trump se equivoca si pretende garantizar la estabilidad mundial con su temerario doble rasero. Está más que justificada la erradicación de la capacidad atómica de Irán. Pero no hay lugar para más polvorines en el mundo. Es una peligrosa incongruencia que apele a su «excelente relación» con un tirano como Kim Jong-un para dejarle hacer con su arsenal nuclear.