Javier Zarzalejos-El Correo
- La gestión gubernamental de la crisis de Ceuta es deleznable, más preocupada por blindar a Marruecos de cualquier crítica que de dar respuesta a una situación explosiva
Marruecos puede ser muchas cosas pero, desde luego, no es un socio ni leal ni fiable. La Unión Europea ha prestado a España solidaridad y recursos que el Gobierno olímpicamente ha rechazado. En 48 horas no se recuperó el control de la situación ni se volvió a la normalidad en Ceuta. El Gobierno sí recibió avisos e información de lo que venía, empezando por el propio presidente de la ciudad autónoma, Juan Jesús Vivas, que lo advirtió de manera pública y reiterada. Ceuta (y Melilla) son un caso de abandono doloso por parte del Gobierno que no ha puesto sobre la mesa el plan de apoyo que ambas ciudades merecen ante la estrategia sostenida de asfixia comercial y presión humana que Marruecos lleva a cabo sin impedimento ni coste alguno para Rabat. La gestión gubernamental de la crisis esta siendo simplemente deleznable, pura retórica más preocupada por blindar a Marruecos de cualquier atisbo de crítica que de dar respuesta a una situación explosiva como la que se sigue gestando allí.
Sí, hay evidentes riesgos sanitarios para el conjunto de la población, cuando según las cifras del gobierno de la ciudad son más de 11.000 los migrantes de todas las edades y diferentes orígenes que se encuentran en Ceuta sin perspectiva de una actuación eficaz por parte de la administración del Estado. No, no es verdad que «todos» los que entraron ilegalmente en Ceuta vayan a ser repatriados: menores no acompañados, demandantes de asilo, apátridas, y otras categorías en el que se pueden agrupar los que siguen en Ceuta requerirán unos procedimientos que la administración del Estado no está en condiciones de sustanciar en los plazos y en la forma que requiere el nuevo marco europeo en esta materia.
Sí, Frontex, la agencia europea para el control de fronteras puede aportar recursos tecnológicos y humanos y capacidades administrativas que el Gobierno viene rechazando tal vez porque a Marruecos no le plazca ver desplegada en Ceuta (y Melilla) una fuerza europea que afiance tal identidad de ambas ciudades y porque Rabat no quiere testigos incómodos, como puede ser Frontex, de sus prácticas en relación con la inmigración. El Gobierno incurre en una grave contradicción que solo pone de manifiesto su oportunismo y su debilidad argumental: por un lado, pide solidaridad a sus socios pero, por otro, se cuida mucho de ‘europeizar’ el conflicto migratorio para no molestar a Marruecos. La invasión sufrida por Ceuta es excepcional pero no desconocida cuando 10.000 marroquíes entraron en mayo de 2021 violando la frontera; mismas justificaciones, misma ineficacia, misma estrategia de desestabilización por parte de nuestro vecino.
Casi tres semanas ha tardado la ministra de Migraciones en visitar la ciudad y conocer la situación sobre el terreno para anunciar -y nótese bien, anunciar- la habilitación de 1.500 plazas de alojamiento que tendrán que materializarse. El refuerzo de efectivos militares y policiales en Ceuta deja en evidencia la grave carencia de medios para gestionar la frontera más complicada y expuesta de España, y lleva a la conclusión de que o se mantiene un despliegue adecuado de manera permanente y se restablecen los medios ejecutivos del Estado, o la debilidad seguirá siendo tentadora para el régimen marroquí y las mafias que, si hay que creer al Gobierno español, actúan con notable impunidad desde territorio marroquí.
Hasta aquí, algunas consideraciones que impugnan el relato gubernamental de lo que ha ocurrido en Ceuta, un relato obsequioso con Marruecos, completamente desconectado de la realidad de una ciudad gravemente dañada y atemorizada. No, el relato de lo que está ocurriendo en Ceuta es bien distinto y habla de un Gobierno cuya política exterior se aproxima al desastre dejando a España aislada y cuestionada, sometido a la retorsión impune de Marruecos y sin capacidad de respuesta eficaz para defender los intereses generales. Un Gobierno carente de las capacidades, del liderazgo y de la fortaleza para hacer valer el peso de nuestro país ante un vecino que sabe que cada vez que ha puesto prueba a Sánchez, ha ganado. Ceuta no teme por su presente. Su verdadero temor es el futuro si este lo fuera a escribir un Gobierno como el de Sánchez. Siempre estará a mano la ministra de Defensa para decir eso de que Ceuta y Melilla son «españolísimas». Muy bien, pero como decía aquel personaje, al ver el tren llanear con gran alarde de vapor, ‘esos humos, en Despeñaperros’.